Baruc 4 Biblia Straubinger Capítulo 4 de 6

Baruc 4

Libros proféticos · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Baruc 4

El camino de los mandamientos

1 Este es el libro de los mandamientos de Dios,
y la Ley que permanece eternamente.
Todos los que la guardan, llegarán a la vida;
mas los que la abandonan, a la muerte.*

2 Conviértete, Jacob, y tenla asida;
camina al resplandor de su luz.*

3 No des tu gloria a otro,
ni tu dignidad a una nación extraña.

4 Dichosos somos nosotros, los de Israel,
porque sabemos lo que agrada a Dios.*

Palabras de consuelo

5 Ten buen ánimo, oh pueblo de Dios,
memorial de Israel.

6 Fuisteis vendidos a las naciones,
mas no para ruina.
Por haber provocado la indignación de Dios,
por eso fuisteis entregados a los enemigos.

7 Pues irritasteis a Aquel que os creó, al Dios eterno,
ofreciendo sacrificios a los demonios en lugar de Dios.

8 Olvidasteis al Dios, vuestro Creador,
y contristasteis a Jerusalén, vuestra nodriza.

9 Porque ella vio venir sobre vosotros la ira de Dios,
y dijo: «Escuchad, vecinas de Sión;
Dios me ha enviado una aflicción grande;

10 pues he visto la cautividad de mis hijos y de mis hijas,
que hizo venir sobre ellas el Eterno.

11 Yo los he criado con gozo,
pero con llanto y con dolor los he despedido.

12 Ninguno se alegre de mí al verme viuda y desamparada.
Muchos me abandonaron por los pecados de mis hijos,
por cuanto se desviaron de la Ley de Dios;*

13 y no conocieron sus preceptos,
ni anduvieron por el camino de los mandamientos de Dios,
ni siguieron con justicia por las sendas de su verdad.

14 Vengan las vecinas de Sión,
y consideren la cautividad que el Eterno hizo venir sobre mis hijos e hijas;

15 porque trajo sobre ellos una nación remota,
una nación desvergonzada y de otra lengua,*

16 que no respeta al anciano, ni se apiada de los niños;
que arranca a la viuda sus queridos, dejándola desolada y sin hijos.»

17 Y yo, ¿en qué puedo yo ayudaros?

18 Aquel que envió sobre vosotros los males,
Él mismo os librará de las manos de vuestros enemigos.

19 Andad, hijos míos, andad;
yo me quedo solitaria.

20 Me quité el vestido de alegría,
y me vestí del saco de rogativa,
y clamaré al Altísimo todos los días de mi vida.

Soportad con paciencia el castigo

21 Tened buen ánimo, hijos míos, clamad al Señor,
y Él os librará del poder y de las manos de los príncipes enemigos;

22 que yo espero del Eterno vuestra salud;
pues el Santo me ha consolado
por la misericordia que os vendrá de parte del Eterno,
Salvador nuestro.*

23 Pues con lágrimas y sollozos os dejé ir;
mas el Señor os devolverá otra vez a mí
con gozo y alegría duradera.

24 Porque al modo que las vecinas de Sión
vieron cómo fuisteis llevados al cautiverio,
así verán muy presto vuestra salud que de Dios vendrá sobre vosotros
con grande gloria y resplandor eterno.

25 Hijos míos, soportad con paciencia
la ira de Dios que ha descargado sobre vosotros.
En breve verás la ruina de tu enemigo
que te persiguió, y pondrás tu pie sobre su cerviz.

26 Mis delicados (hijos) anduvieron por caminos ásperos;
porque han sido llevados como un rebaño robado por el enemigo.

27 Tened confianza, hijos míos, y clamad al Señor;
pues Aquel que os transportó, se acordará de vosotros.

28 Porque así como por vuestra voluntad os descarriasteis de Dios,
así al convertiros de nuevo le buscaréis
con una voluntad diez veces mayor.*

29 Pues Aquel que os envió estos males,
Él mismo traerá un gozo sempiterno con la salud que os dará.

30 Ten confianza, oh Jerusalén,
pues te consuela Aquel que te dio el nombre.*

31 Perecerán los malos que te han maltratado;
serán castigados los que se alegraron en tu ruina.

32 Castigadas serán las ciudades a las cuales han servido tus hijos,
y aquella que recibió a tus hijos.

33 Pues como ella se alegró en tu ruina,
y saltó de gozo por tu caída,
así se verá angustiada en su desolación.

34 Yo pondré fin al alborozo de su muchedumbre,
y su jactancia se convertirá en llanto.

35 Porque el Eterno enviará fuego sobre ella
por largos días,
y será habitada por demonios durante mucho tiempo.*

36 Mira, oh Jerusalén, hacia el oriente y contempla
el gozo que Dios te envía.

37 He aquí que vuelven tus hijos que tú enviaste dispersos,
vienen desde el oriente hasta el occidente,
reunidos por la palabra del Santo, gozándose en la gloria de Dios.*

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