Eclesiástico 23 Biblia Straubinger Capítulo 23 de 51

Eclesiástico 23

Libros sapienciales · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Eclesiástico 23

Plegaria del sabio

1 ¡Señor, Padre mío, y dueño de mi vida! No me abandones a la indiscreción de mis labios, ni permitas que yo me deslice por causa de ellos.*

2 ¿Quién empleará el azote sobre mis pensamientos, y la corrección de la sabiduría sobre mi corazón, de modo que no me perdone sus errores y de ellos no broten pecados?

3 no sea que se acrecienten mis ignorancias y se multipliquen mis faltas, y aumenten mis pecados, y que caiga yo delante de mis contrarios, y se ría de mí el enemigo mío.

4 ¡Oh, Señor, Padre mío, y Dios de mi vida! no me entregues a sus pensamientos.*

5 No permitas en mis ojos la altanería; y aleja de mí todo deseo.

6 Quita de mí la intemperancia de la gula y no se apoderen de mí los apetitos de la lujuria; ni quieras entregarme a un ánimo inverecundo y desenfrenado.

Disciplina de la lengua

7 Hijos míos, escuchad las reglas para gobernar la lengua; y quien las observare no se perderá por los labios, ni resbalará en obras perversas.

8 En su necio hablar queda preso el pecador y el soberbio y maldiciente se arruinarán por sus mismos labios.

9 No acostumbres tu boca al juramento; porque son muchas por eso las caídas.*

10 Tampoco tomes continuamente en boca el nombre de Dios; ni interpongas los nombres de las cosas santas; porque no quedarás libre de culpa si lo haces.*

11 Pues así como un esclavo sometido a todas horas a examen, nunca está sin cardenales; así todo el que jura y repite aquel nombre, jamás estará limpio de culpa.

12 El hombre que jura mucho, se llenará de pecados, y no se apartará de su casa la desgracia.

13 Porque si no cumple el juramento tendrá sobre sí el delito; y si no hace caso, peca doblemente.*

14 Si ha jurado en vano, no será tenido por inocente; antes bien, lloverán castigos sobre su casa.

15 Hay todavía otro lenguaje que confina con la muerte. Nunca se oiga entre los descendientes de Jacob.*

16 Así, todas estas cosas estarán lejos de los hombres piadosos, que no se envuelven en semejantes delitos.

17 No se acostumbre tu boca al hablar indiscreto; porque siempre va acompañado de la mancha del pecado.

18 Acuérdate de tu padre y de tu madre, aunque estés sentado entre los magnates;*

19 para que no suceda que Dios se olvide de ti delante de ellos; y que infatuado por tu costumbre tengas que sufrir tales oprobios, que quisieras más no haber venido al mundo, y maldigas el día de tu nacimiento.

20 El hombre acostumbrado a decir improperios, no se corregirá en toda su vida.

Fealdad del adulterio

21 Dos especies de personas pecan con frecuencia, y otra tercera provoca la ira y la perdición:*

22 el ánimo fogoso como una ardiente llama, que no se calma sin devorar alguna cosa;*

23 y el hombre esclavo de los apetitos de su carne, el cual no tendrá sosiego hasta que encienda el fuego.

24 Al hombre fornicario todo pan le es dulce; y no cesará de pecar hasta el fin.

25 Todo hombre que deshonra su tálamo conyugal, como quien tiene en poco su alma, suele decir: «¿Quién hay que me vea?

26 Rodeado estoy de tinieblas, y las paredes me encubren, y nadie me atisba: ¿a quién tengo que temer? el Altísimo no se acordará de mis delitos.»

27 Mas él no reflexiona que el ojo de Dios está viendo todas las cosas; porque semejante temor humano, temor no más que de los hombres, expele de él el temor de Dios.

28 No sabe que los ojos del Señor son mucho más luminosos que el sol; descubren todos los procederes de los hombres y lo profundo del abismo, y ven hasta los más recónditos senos del corazón humano.*

29 Porque todas las cosas, antes de ser creadas, fueron conocidas de Dios, el Señor; y aun después que fueron hechas las está mirando a todas.

30 Este tal será por lo mismo castigado en la plaza de la ciudad; él, cual potro, echará a huir; pero le pillarán donde menos pensaba.*

31 Y será deshonrado delante de todos, por no haber conocido el temor del Señor.

Infidelidad de la mujer

32 Lo mismo será de cualquiera mujer que deja a su propio marido, y de un extraño le da un heredero;

33 porque ella en primer lugar fue rebelde a la ley del Altísimo; lo segundo, ultrajó a su propio marido; lo tercero, se contaminó con el adulterio, y se procreó hijos del marido ajeno.

34 Esta será conducida a la asamblea pública, y se hará información sobre sus hijos;

35 los cuales no echarán raíces, ni darán frutos sus ramos.*

36 Dejará en maldición su memoria; y jamás se borrará su infamia.

37 Por donde los venideros conocerán que no hay cosa mejor que temer a Dios, y nada más suave que observar los mandamientos del Señor.

38 Servir al Señor es una gloria grande; pues de Él se recibirá larga vida.*

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