Jonás 1 Biblia Straubinger Capítulo 1 de 4

Jonás 1

Libros proféticos · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Introducción de la edición

No hay motivo para dudar que Jonás es el mismo profeta hijo de Amati o Amitai (cf. 1, 1) que en tiempo de Jeroboam II (783-743 a. C.) predijo una victoria sobre los asirios (IV Reyes 14, 25). La tradición judía cree que fue también el que ungió al rey Jehú por encargo del profeta Eliseo (IV Reyes 9, 1 ss.).

Los cuatro capítulos del Libro no son profecía propiamente dicha, sino más bien relato —probablemente escrito por el mismo Jonás, aunque habla en tercera persona— de un viaje del profeta a Nínive y de las dramáticas aventuras que le ocurrieron con motivo de aquella misión. Sin embargo, tomados en conjunto, revisten carácter profético, como lo atestigua el mismo Jesucristo en Mateo 12, 40, estableciendo al mismo tiempo la historicidad de Jonás, que algunos han querido mirar como simple parábola (cf. 2, 1 y nota). San Jerónimo, empleando un juego de palabras, dice que «Jonás, la hermosa paloma (yoná significa en hebreo paloma), fue en su naufragio figura profética de la muerte de Jesucristo. El movió a penitencia al mundo pagano de Nínive y le anunció la salud venidera».

La nota característica de esta emocionante historia consiste en la concepción universalista del reino de Dios y en la anticipación del Evangelio de la misericordia del Padre Celestial, «que es bueno con los desagradecidos y malos» (Lucas 6, 35). El caso de Jonás encierra así un vivo reproche, tanto para los que consideran el reino de Dios como una cosa reservada para ellos solos, cuanto para los que se escandalizan de que la divina bondad supere a lo que el hombre es capaz de concebir.

En cuanto a la personalidad de Jonás, para formarse de ella un concepto exacto ha de tenerse presente que Dios no se propone aquí ofrecernos un ejemplo de vida santa, ni de celo en la predicación, ni de sabiduría, como en Jeremías, Ezequiel o Daniel, sino, a la inversa, mostrarnos la lección de sus yerros. La labor profética de Jonás en este Libro, se limita a un versículo (3, 4), donde anuncia y repite escuetamente que Nínive será destruida, sin exponer doctrina, ni formular siquiera un llamado a la conversión. Y en cuanto a la actuación y conducta personal del profeta, vemos que empieza con una desobediencia (1, 3) y que no obstante la gran prueba que sufre y de la cual Dios lo salva (capítulo 2), termina con dos distintos accesos de ira (4, 4 y 8), uno por falta de misericordia hacia los pecadores (cf. 2, 9 y nota) y el otro por falta de resignación. Lejos de proponérnoslo Dios como tipo de imitación, la enseñanza del Libro consiste, al contrario, en descubrirnos al desnudo las debilidades del profeta; lo cual es ciertamente un espejo precioso para que aprendamos a reconocer que las miserias nuestras no son menores que las de Jonás, y lo imitemos, eso sí, en la rectitud con que se declara culpable (1, 12) y en la confianza que manifiesta su hermosa plegaria del capítulo 2.

La Iglesia conmemora a Jonás el día 21 de setiembre. Su imagen se usaba ya en las catacumbas como figura de Cristo, que fue «muerto y sepultado y al tercer día resucitó de entre los muertos», y cuya resurrección es prenda de la nuestra. Jonás es también tipo de nuestro Salvador en cuanto Enviado que desde Israel trajo la salvación a los gentiles (Lucas 2, 32) y representa de este modo la vocación apostólica del pueblo de Dios. Véase Salmo 95, 3 y nota.

Texto de Jonás 1

Vocación y desobediencia de Jonás

1 Llegó a Jonás, hijo de Amitai, la palabra de Yahvé en estos términos: 2 «Levántate y ve a Nínive, la ciudad grande, y predica contra ella, porque su maldad ha subido hasta mi presencia.»* 3 Pero Jonás se levantó para huir de la presencia de Yahvé, tomando el camino de Tarsis. Descendió a Jope, donde encontró una nave que se dirigía a Tarsis; pagó el pasaje, y se embarcó en ella para ir con los demás a Tarsis, lejos de la presencia de Yahvé.*

4 Pero Yahvé hizo soplar sobre el mar un viento recio, y se desencadenó en el mar una gran tempestad, de suerte que la nave estaba en peligro de ser deshecha. 5 Por lo cual los marineros, llenos de miedo, clamaron cada cual a su dios; y echaron al mar el cargamento de la nave, a fin de aligerarla. Jonás, entretanto, había descendido al fondo de la nave. Allí se había acostado y dormía profundamente.* 6 Se le acercó el capitán de la nave y le dijo: «¿Qué te pasa, dormilón? Levántate e invoca a tu Dios. Quizás Dios piense en nosotros para que no perezcamos.»

7 Entonces unos a otros se dijeron: «Vamos y echemos suertes, para que sepamos quién tiene la culpa de este mal que (ha venido) sobre nosotros.» Echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. 8 Le dijeron: «Dinos, ¿por quién (ha venido) sobre nosotros este desastre? ¿Cuál es tu profesión? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra? ¿De qué pueblo eres?» 9 Les respondió: «Soy hebreo, y temo a Yahvé, el Dios del cielo, el cual hizo el mar y la tierra.»*

10 Entonces aquellos hombres quedaron sumamente atemorizados; y le dijeron: «¿Qué es lo que has hecho?» Pues comprendían los hombres que huía de la presencia de Yahvé, ya que él mismo se lo había declarado. 11 Y le dijeron: «¿Qué haremos contigo, para que se nos calme el mar?» Porque el mar iba embraveciéndose cada vez más. 12 Él les contestó: «Tomadme y echadme al mar, y el mar se os calmará, pues bien sé que por mi culpa ha venido sobre vosotros esta grande tempestad.»*

Jonás es arrojado al mar

13 Entretanto los hombres remaban, para ganar tierra, mas no podían; porque el mar se embravecía cada vez más contra ellos. 14 Entonces invocaron a Yahvé, diciendo: «¡Oh Yahvé, no nos hagas perecer por la vida de este hombre y no nos imputes sangre inocente! Pues Tú, oh Yahvé, has hecho como te plugo.»* 15 Y tomaron a Jonás y le echaron al mar; y el mar cesó de embravecerse. 16 Se apoderó de aquellos hombres un gran temor de Yahvé, y ofrecieron sacrificios a Yahvé e hicieron votos.

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