Pero esta capilla tiene un grupo de unas siete u ocho familias nada más. Es un poblado donde viven muchos paganos, y hay algunas iglesias protestantes, que me dicen que son menos concurridas que la iglesia católica. Nuestra religión tiene fama de ser má seria, de hacer celebraciones más dignas, y de que los niños reciben catecismo.
Aquí tuve el gran gozo de bautizar a Mateo, no recuerdo su nombre anterior, sino sólo el nombre de bautismo. Es un anciano que fue visitado por los religiosos y novicios en la misión de Mazirayo que predicó el P. Víctor en Julio. Los misioneros vinieron uno de los días a visitar las casas de Ubagwe, a jugar con los niños, etc. Aquí visitaron en su pobrísima casa a este hombre, a quien invitaron a la misión, y aceptó gustoso ir a rezar. Vive solo, y es de otra tribu. Habla poco swahili, y casi nada de sukuma. Se hizo lo que se pudo, y le dieron los rudimentos de catecismo, y el catequista siguió con su obra durante estos meses. Me decía que no faltaba nunca a las clases de catecismo. Hoy lo bauticé y confirmé, y seguirá aprendiendo un poco más, así en la próxima misa pueda recibir la Sagrada Comunión. Se lo notaba muy contento, y comimos todos juntos en la puerta de la capilla.
