Avisos para comulgar bien

San Manuel González

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 ¿Cómo voy a comulgar todos los días con tantos defectos?

-Procure usted que cada Comunión suya sea un punto y aparte y no un guión de sus defectos diarios.
¡Cuidado con la tierra de mi corazón! Siembro una vez en cualquier otra tierra una semilla y al poco tiempo esta semilla me da una flor y un fruto.
Todos los días, cuando comulgo, siembro en mi corazón la semilla más profunda y eficaz de la humildad, de la pureza y del amor… ¡Dios mío! cuántas veces tengo que preguntarme avergonzado: ¿Y la flor y el fruto de mi Comunión? ¡Cuidado con la tierra de mi corazón!

Marías: ¿Cómo llamarías a una persona que recibiendo cada mañana un millón de pesetas, estuviera sin tino todo el día y casi sin sueño la noche, preocupada de que le habían dado una perra chica de menos o de que le podían haber dado una perrita más?
¿Loca?, ¿tonta?, ¿digna de…?, ¡muchas cosas!, ¿verdad? Pues ¡poquito a poco! que estáis calificando a mucha gente piadosa y quizás ¡a vosotras mismas!

Decidme: almas de Comunión cada mañana y de mal humor todo el día o muchas horas del día por el gran motivo de la arruga que sacó el vestido, del juguete que rompió la criada, de la mala cara que os pusieron o creisteis que os ponían, del dolorcillo de cabeza, de la contrariedad de un gusto, de cualquiera de las crucecitas reales o imaginarias con que os prueba y os purifica en cada hora el Jesús de vuestra Comunión… Decidme ¿hay mucha diferencia entre un proceder y otro?

* * *

¡Qué!, ¿no vale más que el millón de pesetas diario vuestra Comunión diaria y en comparación de ella no valen menos que una perra chica esos centimillos de bien o de gusto de que os privan esas crucecitas de cada hora?

Y ¿es cuerdo que dejéis de disfrutar del bien grande de vuestras mañanas para atormentaros con el ansia de bienes de a centimillo o con el sufrimiento de males de a maravedí?

Marías, Marías, ¡si tuvierais no solamente fe, sino espíritu de fe, vuestra Comunión diaria ¡cómo os quitaríais de mendigar centimillos de bienes de tierra y viviríais en la paz inalterable y en el gozo, que supera a todo sentir de lo bueno del cielo de vuestras mañanas de Sagrario!
Marías ¡gozad todo el día de vuestra Comunión de cada mañana!
Es decir: ¡Contentaos con Jesús!

El mundo, tan de manga ancha para juzgar a los suyos y tan de manga estrecha para sus enemigos, exige a los que comulgan todos los días vida y hasta milagros de santos; esto es un extremo vicioso.

Pero ¿no será tan vicioso como este extremo el pretender amalgamar la Comunión diaria de la mañana con el teatro diario y el baile diario y el cine diario y el escote diario y las frescuras de carne diarias?
Tan vicioso que los ángeles de la guarda apenados, las almas rectas y hasta los mismos mundanos exclamarán ante quien tal haga en el tono más triste: ¿Pero ésta comulga todos los días?

En cambio, ¡qué consuelo recibo cuando por toda explicación a la modestia de una doncella, a la caridad oculta de una dama, a la generosidad en perdonar de un ofendido, a la rectitud de miras, a la limpieza de vida y a la paz de alma de un cristiano se pone esta frase: ¡Como que comulga todos los días!

¡Hoy he comulgado! Esto debe querer decir, que hoy por lo menos tengo obligación de poner buena cara y mejor corazón a los que me rodean o viven conmigo; me gusten o me repugnen.
Atreviéndose Él a quedarse conmigo ¿puedo yo rechazar a nadie?
¡Hoy he comulgado! Esto debe querer decir que, hoy por lo menos no me voy a inquietar por ninguna cosa que me falte. ¡Cuando se tiene a Él!, ¿puede faltar algo?

En dos tonos he oído decir esta misma frase: Comulga todos los días: uno triste y otro alegre.
Dicha en el primero equivale a esta otra: ¿Pero comulga todos los días?
Dicha en el otro viene a expresar: ¡Como que comulga todos los días!

Marías, los que os rodean y ven vuestro proceder de cada día ¿en qué tono dicen que comulgáis?

Almas de Comunión diaria y de mal genio diario y de resentimientos diarios: ¿Os habéis fijado en la obligación que impone a vuestro genio y a vuestro corazón ese Jesús que a pesar de vuestras casi constantes faltas con Él os visita cada día con la misma buena cara y el mismo propicio Corazón?

Marías, Marías, que no se os olvide que nadie da lo que no tiene. Si vosotras, pudiendo, no comulgáis ni visitáis el Sagrario todos los días ¿cómo vais a dar ganas a los demás de frecuencia al Sagrario?

Y mirad que cuando digo pudiendo, quiero decir que hay que hacer para comulgar todo lo que se pueda y un poquito de lo que no se pueda.

Por algo se dijo que más hace el que quiere que el que puede

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