Marcos 9 Biblia Straubinger Capítulo 9 de 16

Marcos 9

Evangelio según san Marcos · Nuevo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Marcos 9

Transfiguración de Jesús

1 Y les dijo: «En verdad, os digo, entre los que están aquí, algunos no gustarán la muerte sin que hayan visto el reino de Dios venido con poder».* 2 Y seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó solos, aparte, a un alto monte, y se transfiguró a su vista.* 3 Sus vestidos se pusieron resplandecientes y de tal blancura; que no hay batanero sobre esta tierra, capaz de blanquearlos así. 4 Y se les aparecieron Elías y Moisés y conversaban con Jesús. 5 Entonces, Pedro dijo a Jesús: «Rabí, es bueno que nos quedemos aquí. Hagamos, pues, aquí tres pabellones, uno para Ti, uno para Moisés, y uno para Elías». 6 Era que no sabía lo que decía, porque estaban sobrecogidos de temor. 7 Vino, entonces, una nube que los cubrió con su sombra, y de la nube una voz se hizo oír: «Este es mi Hijo, el Amado. ¡Escuchadlo!».* 8 Y de repente, mirando todo alrededor, no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo.

La venida de Elías

9 Cuando bajaban del monte, les prohibió referir a nadie lo que habían visto, mientras el Hijo del hombre no hubiese resucitado de entre los muertos.* 10 Y conservaron lo acaecido dentro de sí, discurriendo «qué podría significar eso de resucitar de entre los muertos». 11 Y le hicieron esta pregunta: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?» 12 Respondióles: «Elías, en efecto, vendrá primero y lo restaurará todo. Pero ¿cómo está escrito del Hijo del hombre, que debe padecer mucho y ser vilipendiado? 13 Pues bien, Yo os declaro: en realidad Elías ya vino e hicieron con él cuanto les plugo, como está escrito de él».*

El niño endemoniado

14 Llegaron, entretanto, a los discípulos y vieron un gran gentío que los rodeaba, y escribas que discutían con ellos.* 15 Toda esta multitud en cuanto lo vio se quedó asombrada y corrió a saludarlo. 16 Preguntóles: «¿Por qué discutís con ellos?» 17 Respondióle uno de la multitud: «Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un demonio mudo. 18 Y cuando se apodera de él, lo zamarrea y él echa espumarajos, rechina los dientes y queda todo rígido. Y pedí a tus discípulos que lo expulsasen, y no han podido». 19 Entonces, Él les respondió y dijo: «Oh raza incrédula, ¿hasta cuándo habré de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!».* 20 Y se lo trajeron. En cuanto lo vio, el espíritu lo zamarreaba (al muchacho); y caído en el suelo, se revolvía echando espumarajos. 21 Y preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que esto le sucede?» Respondió: «Desde su infancia; 22 y a menudo lo ha echado, ora en el fuego, ora en el agua, para hacerlo morir. Pero si Tú puedes algo, ayúdanos, y ten compasión de nosotros». 23 Replicóle Jesús: «¡Si puedes!... Todo es posible para el que cree». 24 Entonces, el padre del niño se puso a gritar: «¡Creo! ¡Ven en ayuda de mi falta de fe!» 25 Y Jesús viendo que se aproximaba un tropel de gente, conminó al espíritu diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, Yo te lo mando, sal de él, y no vuelvas a entrar más en él». 26 Y, gritando y retorciéndole en convulsiones, salió. Y quedó el niño como muerto, y así muchos decían que había muerto. 27 Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y él se tuvo en pie. 28 Cuando hubo entrado en casa, los discípulos le preguntaron en privado: «¿Por qué, pues, no pudimos nosotros expulsarlo?» 29 Les dijo: «Esta casta no puede ser expulsada sino con la oración y el ayuno».*

Segundo anuncio de la Pasión

30 Partiendo de allí, pasaron a través de Galilea, y no quería que se supiese; 31 porque enseñó esto a sus discípulos: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo harán morir; y tres días después de su muerte resucitará». 32 Pero ellos no comprendieron estas palabras y temían preguntarle.

Humildad y caridad

33 Entretanto, llegaron a Cafarnaúm; y cuando estuvo en su casa, les preguntó: «¿De qué conversabais en el camino?».* 34 Mas ellos guardaron silencio, porque habían discutido entre sí, durante el camino, sobre quien sería el mayor. 35 Entonces, sentóse, llamó a los Doce y les dijo: «Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el último de todos y el servidor de todos». 36 Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, y abrazándolo, les dijo: 37 «El que recibe a uno de estos niños en mi nombre, a Mí me recibe; y el que a Mí me recibe, no me recibe a Mí, sino a Aquel que me envió». 38 Díjole Juan: «Maestro, vimos a un hombre que expulsaba demonios en tu nombre, el cual no nos sigue; y se lo impedíamos, porque no anda con nosotros». 39 Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, porque nadie, haciendo milagro por mi nombre, será capaz de hablar luego mal de Mí. 40 Porque quien no está contra nosotros, por nosotros está. 41 Quien os diere a beber un vaso de agua, por razón de que sois de Cristo, en verdad os digo, no perderá su recompensa».*

Gravedad del escándalo

42 Quien escandalizare a uno de estos pequeñitos que creen, más le valdría que le atasen alrededor de su cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que lo echasen al mar. 43 Si tu mano te escandaliza, córtala: más te vale entrar en la vida manco, que irte, con tus dos manos, a la gehenna, al fuego que no se apaga.* 44 [donde «el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga»].* 45 Y si tu pie te escandaliza, córtalo: más te vale entrar en la vida cojo que ser, con tus dos pies, arrojado a la gehenna. 46 [donde «el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga»]. 47 Y si tu ojo te escandaliza, sácalo: más te vale entrar en el reino de Dios teniendo un solo ojo que con tus dos ojos ser arrojado a la gehenna, 48 donde «el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga».* 49 Porque cada uno ha de ser salado con el fuego.* 50 La sal es buena; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos y estad en paz unos con otros.

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