Marcos 10 Biblia Straubinger Capítulo 10 de 16

Marcos 10

Evangelio según san Marcos · Nuevo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Marcos 10

III. Camino de Jerusalén

Indisolubilidad del matrimonio

1 Partiendo de allí, fue al territorio de Judea y de Transjordania. De nuevo, las muchedumbres acudieron a Él, y de nuevo, según su costumbre, los instruía.* 2 Y viniendo a Él algunos fariseos que, con el propósito de tentarlo, le preguntaron si era lícito al marido repudiar a su mujer, 3 les respondió y dijo: "¿Qué os ha ordenado Moisés?" 4 Dijeron: "Moisés permitió dar libelo de repudio y despedir (la)". 5 Mas Jesús les replicó: "En vista de vuestra dureza de corazón os escribió ese precepto. 6 Pero desde el comienzo de la creación, Dios los hizo varón y mujer. 7 Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, 8 y los dos vendrán a ser una sola carne. De modo que no son ya dos, sino una sola carne. 9 ¡Y bien! ¡Lo que Dios ha unido, el hombre no lo separe!" 10 De vuelta a su casa, los discípulos otra vez le preguntaron sobre eso. 11 Y les dijo: "Quien repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera;* 12 y si una mujer repudia a su marido y se casa con otro, ella comete adulterio".

Los niños son dueños del Reino

13 Le trajeron unos niños para que los tocase; mas los discípulos ponían trabas. 14 Jesús viendo esto, se molestó y les dijo: "Dejad a los niños venir a Mí y no les impidáis, porque de tales como estos es el reino de Dios.* 15 En verdad, os digo, quien no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él". 16 Después los abrazó y los bendijo, poniendo sobre ellos las manos.

El joven rico

17 Cuando iba ya en camino, vino uno corriendo y, doblando la rodilla, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para heredar la vida eterna?".* 18 Respondióle Jesús: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios. 19 Tú conoces los mandamientos: "No mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre"; 20 y él le respondió: "Maestro, he cumplido todo esto desde mi juventud". 21 Entonces, Jesús lo miró con amor y le dijo: "Una cosa te queda: anda, vende todo lo que posees y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; después, vuelve, y sígueme, llevando la cruz". 22 Al oír estas palabras, se entristeció, y se fue apenado, porque tenía muchos bienes.*

Recompensa de los que siguen a Jesús

23 Entonces, Jesús, dando una mirada a su rededor, dijo a sus discípulos: "¡Cuán difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!" 24 Como los discípulos se mostrasen asombrados de sus palabras, volvió a decirles Jesús: "Hijitos, ¡cuán difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el reino de Dios! 25 Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios".* 26 Pero su estupor aumentó todavía; y se decían entre sí: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?" 27 Mas Jesús, fijando sobre ellos su mirada, dijo: "Para los hombres, esto es imposible, mas no para Dios, porque todo es posible para Dios". 28 Púsose, entonces, Pedro a decirle: "Tú lo ves, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido". 29 Jesús le contestó y dijo: "En verdad, os digo, nadie habrá dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, a causa de Mí y a causa del Evangelio, 30 que no reciba centuplicado ahora, en este tiempo, casas, hermanos, hermanas, madre, hijos y campos —a una con persecuciones—, y, en el siglo venidero, la vida eterna.* 31 Mas muchos primeros serán últimos, y muchos últimos, primeros".

Tercer anuncio de la Pasión

32 Iban de camino, subiendo a Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; y ellos se asombraban y lo seguían con miedo. Y tomando otra vez consigo a los Doce, se puso a decirles lo que le había de acontecer: 33 "He aquí que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte, y lo entregarán a los gentiles; 34 y lo escarnecerán, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán, mas tres días después resucitará".

La ambición de Santiago y Juan

35 Acercáronsele Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: "Maestro, queremos que Tú hagas por nosotros cualquier cosa que te pidamos".* 36 Él les dijo: "¿Qué queréis, pues, que haga por vosotros?" 37 Le respondieron: "Concédenos sentarnos, el uno a tu derecha, el otro a tu izquierda, en tu gloria". 38 Pero Jesús les dijo: "No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que Yo he de beber, o recibir el bautismo que Yo he de recibir?" 39 Le contestaron: "Podemos". Entonces, Jesús les dijo: "El cáliz que Yo he de beber, lo beberéis; y el bautismo que Yo he de recibir, lo recibiréis.* 40 Mas en cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no es mío darlo sino a aquellos para quienes está preparado". 41 Cuando los otros diez oyeron esto, comenzaron a indignarse contra Santiago y Juan. 42 Entonces, Jesús los llamó y les dijo: "Como vosotros sabéis, los que aparecen como jefes de los pueblos, les hacen sentir su dominación; y los grandes, su poder.* 43 Entre vosotros no debe ser así; al contrario, quien, entre vosotros, desea hacerse grande, hágase sirviente de los demás; 44 y quien desea ser el primero, ha de ser esclavo de todos. 45 Porque también el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos".*

El ciego de Jericó

46 Habían llegado a Jericó. Ahora bien, cuando iba saliendo de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una numerosa muchedumbre, el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego y mendigo, estaba sentado al borde del camino;* 47 y oyendo que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: "¡Hijo de David, Jesús, ten piedad de mí!" 48 Muchos le reprendían para que callase, pero él mucho más gritaba: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!" 49 Entonces, Jesús se detuvo y dijo: "Llamadlo". Llamaron al ciego y le dijeron: "¡Ánimo, levántate! Él te llama". 50 Y él arrojó su manto, se puso en pie de un salto y vino a Jesús. 51 Tomando la palabra, Jesús le dijo: "¿Qué deseas que te haga?" El ciego le respondió: "¡Rabbuni, que yo vea!" 52 Jesús le dijo: "¡Anda! tu fe te ha sanado". Y en seguida vio, y lo fue siguiendo por el camino.*

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