Lucas 18 Biblia Straubinger Capítulo 18 de 24

Lucas 18

Evangelio según san Lucas · Nuevo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Lucas 18

El juez inicuo

1 Les propuso una parábola sobre la necesidad de que orasen siempre sin desalentarse: 2 "Había en una ciudad un juez que no temía a Dios y no hacía ningún caso de los hombres. 3 Había también allí, en esta misma ciudad, una viuda, que iba a buscarlo y le decía: "Hazme justicia librándome de mi adversario". 4 Y por algún tiempo no quiso; mas después dijo para sí: "Aunque no temo a Dios, ni respeto a hombre, 5 sin embargo, porque esta viuda me importuna, le haré justicia, no sea que al fin venga y me arañe la cara. 6 Y el Señor agregó: "Habéis oído el lenguaje de aquel juez inicuo. 7 ¿Y Dios no habrá de vengar a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y se mostraría tardío con respecto a ellos?* 8 Yo os digo que ejercerá la venganza de ellos prontamente. Pero el Hijo del hombre, cuando vuelva, ¿hallará por ventura la fe sobre la tierra?".*

El fariseo y el publicano

9 Para algunos, los que estaban persuadidos en sí mismos de su propia justicia, y que tenían en nada a los demás, dijo también esta parábola:* 10 "Dos hombres subieron al Templo a orar, el uno fariseo, el otra publicano. 11 El fariseo, erguido, oraba en su corazón de esta manera: "Oh Dios, te doy gracias de que no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, ni como el publicano ese. 12 Ayuno dos veces en la semana y doy el diezmo de todo cuanto poseo". 13 El publicano, por su parte, quedándose a la distancia, no osaba ni aun levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "Oh Dios, compadécete de mí, el pecador". 14 Os digo: este bajó a su casa justificado, mas no el otro; porque el que se eleva, será abajado; y el que se abaja, será elevado".*

Necesidad de la infancia espiritual

15 Y le traían también los niñitos, para que los tocase; viendo lo cual, los discípulos los regañaban.* 16 Pero Jesús llamó a los niños, diciendo: "Dejad a los pequeñuelos venir a Mí: no les impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 17 En verdad os digo: quien no recibe el reino de Dios como un niñito, no entrará en él".*

Peligros de la riqueza

18 Preguntóle cierto dignatario: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para poseer en herencia la vida eterna?" 19 Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino uno: Dios. 20 Conoces los mandamientos. "No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre". 21 Él repuso: "Yo he cumplido todo esto desde mi juventud". 22 A lo cual Jesús replicó: "Una cosa te queda todavía: todo cuanto tienes véndelo y distribúyelo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; y ven y sígueme".* 23 Al oír estas palabras, se entristeció, porque era muy rico. 24 Mirándolo, entonces, Jesús dijo: "¡Cuán difícilmente, los que tienen los bienes entran en el reino de Dios!* 25 Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios". 26 Y los oyentes dijeron: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?" 27 Respondió: "Las cosas imposibles para hombres, posibles para Dios son".* 28 Entonces Pedro le dijo: "Tú ves, nosotros hemos dejado las cosas propias y te hemos seguido". 29 Respondióles: "En verdad, os digo, nadie dejará casa o mujer o hermanos o padres o hijos a causa del reino de Dios, 30 que no reciba muchas veces otro tanto en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna".*

Jesús predice nuevamente su Pasión

31 Tomando consigo a los Doce, les dijo: "He aquí que subimos a Jerusalén, y todo lo que ha sido escrito por los profetas se va a cumplir para el Hijo del hombre. 32 Él será entregado a los gentiles, se burlarán de Él, lo ultrajarán, escupirán sobre Él,* 33 y después de haberlo azotado, lo matarán, y al tercer día resucitará". 34 Pero ellos no entendieron ninguna de estas cosas; este asunto estaba escondido para ellos, y no conocieron de qué hablaba.*

El ciego de Jericó

35 Cuando iba aproximándose a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, y mendigaba. 36 Oyendo que pasaba mucha gente, preguntó qué era eso. 37 Le dijeron: "Jesús, el Nazareno pasa". 38 Y clamó diciendo: "¡Jesús, Hijo de David, apiádate de mí!"* 39 Los que iban delante, lo reprendían para que se callase, pero él gritaba todavía mucho más: "¡Hijo de David, apiádate de mí!" 40 Jesús se detuvo y ordenó que se lo trajesen; y cuando él se hubo acercado, le preguntó: 41 "¿Qué deseas que te haga?" Dijo: "¡Señor, que reciba yo la vista!" 42 Y Jesús le dijo: "Recíbela, tu fe te ha salvado". 43 Y en seguida vio, y lo acompañó glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

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