Santiago 1 Biblia Straubinger Capítulo 1 de 5

Santiago 1

Cartas y Apocalipsis · Nuevo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Introducción de la edición

La carta de Santiago es la primera entre las siete Epístolas no paulinas que, por no señalar varias de ellas un destinatario especial, han sido llamadas genéricamente católicas o universales, aunque en rigor la mayoría de ellas se dirige a la cristiandad de origen judío, y las dos últimas de San Juan tienen un encabezamiento aún más limitado. San Jerónimo las caracteriza diciendo que «son tan ricas en misterios como sucintas, tan breves en palabras como largas en sentencias».

El autor, que se da a sí mismo el nombre de «Santiago, siervo de Dios y de nuestro Señor Jesucristo», es el Apóstol que solemos llamar Santiago el Menor, hijo de Alfeo o Cleofás (Mateo 10, 3) y de María (Mateo 27, 56), «hermana» (o pariente) de la Virgen. Es, pues, de la familia de Jesús y llamado «hermano del Señor» (Gálatas 1, 19; cf. Mateo 13, 55 y Marcos 6, 3).

Santiago es mencionado por San Pablo entre las «columnas» o apóstoles que gozaban de mayor autoridad en la Iglesia (Gálatas 2, 9). Por su fiel observancia de la Ley tuvo grandísima influencia, especialmente sobre los judíos, pues entre ellos ejerció el ministerio como Obispo de Jerusalén. Murió mártir el año 62 d. C.

Escribió esta carta no mucho antes de padecer el martirio y con el objeto especial de fortalecer a los cristianos del judaísmo que a causa de la persecución estaban en peligro de perder la fe (cf. la introducción a la Epístola a los Hebreos). Dirígese por tanto a «las doce tribus que están en la dispersión» (cf. 1, 1 y nota), esto es, a todos los hebreo-cristianos dentro y fuera de Palestina (cf. Romanos 10, 18 y nota).

Ellos son de profesión cristiana, pues creen en el Señor Jesucristo de la Gloria (2, 1), esperan la Parusía en que recibirán el premio (5, 7-9), han sido engendrados a nueva vida (1, 18) bajo la nueva ley de libertad (1, 25; 2, 12), y se les recomienda la unción de los enfermos (5, 14 ss.).

La no alusión a los paganos se ve en que Santiago omite referirse a lo que San Pablo suele combatir en estos: idolatría, impudicia, ebriedad (cf. I Corintios 6, 9 ss.; Gálatas 5, 19 ss.). En cambio, la Epístola insiste fuertemente contra la vana palabrería y la fe de pura fórmula (1, 22 ss.; 2, 14 ss.), contra la maledicencia y los estragos de la lengua (3, 2 ss.; 4, 2 ss.; 5, 9), contra los falsos doctores (3, 1), el celo amargo (3, 13 ss.), los juramentos fáciles (5, 12).

El estilo es conciso, sentencioso y extraordinariamente rico en imágenes, siendo clásicas por su elocuencia las que dedica a la lengua en el capítulo 3 y a los ricos en el capítulo 5 y el paralelo de estos con los humildes en el capítulo 2. Más que en los misterios sobrenaturales de la gracia con que suele ilustrarnos San Pablo, especialmente en las Epístolas de la cautividad, la presente es una vigorosa meditación sobre la conducta frente al prójimo y por eso se la ha llamado a veces el Evangelio social.

Texto de Santiago 1

1 Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: salud.*

Valor de las pruebas

2 Tenedlo, hermanos míos, por sumo gozo, cuando cayereis en pruebas de todo género, 3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.* 4 Pero es necesario que la paciencia produzca obra perfecta, para que seáis perfectos y cabales sin que os falte cosa alguna.

Pedid la sabiduría

5 Si alguno de vosotros está desprovisto de sabiduría, pídala a Dios, que a todos da liberalmente sin echarlo en cara, y le será dada.* 6 Mas pida con fe, sin vacilar en nada; porque quien vacila es semejante a la ola del mar que se agita al soplar el viento.* 7 Un hombre así no piense que recibirá cosa alguna del Señor.* 8 El varón doble es inconstante en todos sus caminos.*

Los motivos de gloria

9 Gloríese el hermano: el humilde, por su elevación;* 10 el rico, empero, por su humillación, porque pasará como la flor del heno:* 11 se levanta el sol con su ardor, se seca el heno, cae su flor, y se acaba la belleza de su apariencia. Así también el rico se marchitará en sus caminos.

Tentación

12 Bienaventurado el varón que soporta la tentación porque, una vez probado, recibirá la corona de vida que el Señor tiene prometida a los que le aman.* 13 Nadie cuando es tentado diga: «Es Dios quien me tienta». Porque Dios, no pudiendo ser tentado al mal, no tienta Él tampoco a nadie.* 14 Cada uno es tentado por su propia concupiscencia, cuando se deja arrastrar y seducir. 15 Después la concupiscencia, habiendo concebido, pare pecado; y el pecado consumado engendra muerte.*

Todo bien es un don de Dios

16 No os engañéis, hermanos míos carísimos: 17 De lo alto es todo bien que recibimos y todo don perfecto, descendiendo del Padre de las luces, en quien no hay mudanza ni sombra (resultante) de variación.* 18 De su propia voluntad Él nos engendró por la palabra de la verdad, para que seamos como primicias de sus creaturas.*

Vivir la palabra

19 Ya lo sabéis, queridos hermanos. Mas todo hombre ha de estar pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;* 20 porque ira de hombre no obra justicia de Dios.* 21 Por lo cual, deshaciéndoos de toda mancha y resto de malicia, recibid en suavidad la palabra ingerida (en vosotros) que tiene el poder de salvar vuestras almas. 22 Pero haceos ejecutores de la palabra, y no oidores solamente, engañándoos a vosotros mismos.* 23 Pues si uno oye la palabra y no la practica, ese tal es semejante a un hombre que mira en un espejo los rasgos de su rostro:* 24 se mira, y se aleja (del espejo), y al instante se olvida de cómo era. 25 Mas el que persevera en mirar atentamente la ley perfecta, la de la libertad, no como oyente olvidadizo, sino practicándola efectivamente, este será bienaventurado en lo que hace.* 26 Si alguno se cree piadoso y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, vana es su piedad. 27 La piedad pura e inmaculada ante el Dios y Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y preservarse de la contaminación del mundo.*

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