Hechos de los Apóstoles 1 Biblia Straubinger Capítulo 1 de 28

Hechos de los Apóstoles 1

Hechos de los Apóstoles · Nuevo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Introducción de la edición

El libro de los Hechos no pretende narrar lo que hizo cada uno de los apóstoles, sino que toma, como lo hicieron los evangelistas, los hechos principales que el Espíritu Santo ha sugerido al autor para alimento de nuestra fe (cf. Lucas 1, 4; Juan 20, 31). Dios nos muestra aquí, con un interés histórico y dramático incomparable, lo que fue la vida y el apostolado de la Iglesia en los Primeros decenios (años 30-63 del nacimiento de Cristo), y el papel que en ellos desempeñaron los Príncipes de los Apóstoles, San Pedro (cap. 1-12) y San Pablo (cap. 13-28). La parte más extensa se dedica, pues, a los viajes, trabajos y triunfos de este Apóstol de los gentiles, hasta su primer cautiverio en Roma. Con esto se detiene el autor casi inopinadamente, dando la impresión de que pensaba escribir más adelante otro tratado.

No hay duda de que ese autor es la misma persona que escribió el tercer Evangelio. Terminado este, San Lucas retoma el hilo de la narración y compone el libro de los Hechos (véase 1, 1), que dedica al mismo Teófilo (Lucas 1, 1 ss.). Los santos Padres, principalmente San Policarpo, San Clemente Romano, San Ignacio Mártir, San Ireneo, San Justino, etc., como también la crítica moderna, atestiguan y reconocen unánimemente que se trata de una obra de Lucas, nativo sirio antioqueno, médico, compañero y colaborador de San Pablo, con quien se presenta él mismo en muchos pasajes de su relato (16, 10-17; 20, 5-15; 21,1-18; 27, 1-28, 16). Escribió, en griego, el idioma corriente entonces, de cuyo original procede la presente versión; pero su lenguaje contiene también aramaísmos que denuncian la nacionalidad del autor.

La composición data de Roma hacia el año 63, poco antes del fin de la primera prisión romana de San Pablo, es decir, cinco años antes de su muerte y también antes de la terrible destrucción de Jerusalén (70 d. C.), o sea, cuando la vida y el culto de Israel continuaban normalmente.

El objeto de San Lucas de este escrito es, como en su Evangelio. (Lucas 1, 4), confirmarnos en la fe y enseñar la universalidad de la salud traída por Cristo, la cual se manifiesta primero entre los judíos de Jerusalén, después de Palestina y por fin entre los gentiles.

El cristiano de hoy, a menudo ignorante en esta materia, comprende así mucho mejor, gracias a este Libro, el verdadero carácter de la Iglesia y su íntima vinculación con el Antiguo Testamento y con el pueblo escogido de Israel, al ver que, como observa Fillion, antes de llegar a Roma con los apóstoles, la Iglesia tuvo su primer estadio en Jerusalén, donde había nacido (1, 1-8, 3); en su segundo estadio se extendió de Jerusalén a Judea y Samaria (8, 4-11, 18); tuvo un tercer estadio en Oriente con sede en Antioquía de Siria (11, 19-13, 35), y finalmente se estableció en el mundo pagano y en su capital Roma (13, 1-28, 31), cumpliéndose así las palabras de Jesús a los apóstoles, cuando estos reunidos lo interrogaron creyendo que iba a restituir inmediatamente el reino a Israel: «No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni momentos que ha fijado el Padre con su potestad. Pero cuando descienda sobre vosotros el Espíritu Santo recibiréis virtud y me seréis testigos en Jerusalén y en toda la Judea y Samaria y hasta los extremos de la tierra» (1, 7 s.). Este testimonio del Espíritu Santo y de los apóstoles lo había anunciado Jesús (Juan 15, 26 s.) y lo ratifica San Pedro (1, 22; 2, 32; 5, 32, etc.).

El admirable Libro, cuya perfecta unidad reconoce aún la crítica más adversa, podría llamarse también de los «Hechos de Cristo Resucitado». «Sin él, fuera de algunos rasgos esparcidos en las Epístolas de San Pablo, en las Epístolas Católicas y en los raros fragmentos que nos restan de los primeros escritores eclesiásticos, no conoceríamos nada del origen de la Iglesia» (Fillion).

San Jerónimo resume, en la carta al presbítero Paulino, su juicio sobre este divino Libro en las siguientes palabras: «El Libro de los Hechos de los Apóstoles parece contar una sencilla historia, y tejer la infancia de la Iglesia naciente. Mas, sabiendo que su autor es Lucas, el médico, “cuya alabanza está en el Evangelio” (II Corintios 8, 18), echaremos de ver que todas sus palabras son, a la vez que historia, medicina para el alma enferma».

Texto de Hechos de los Apóstoles 1

Prólogo

1 El primer libro, oh Teófilo, hemos escrito acerca de todas las cosas desde que Jesús comenzó a obrar y enseñar,* 2 hasta el día en que fue recibido en lo alto, después de haber instruido por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; 3 a los cuales también se mostró vivo después de su pasión, dándoles muchas pruebas, siendo visto de ellos por espacio de cuarenta días y hablando de las cosas del reino de Dios.*

I. La Iglesia en Jerusalén

Últimos avisos de Jesús

4 Comiendo con ellos, les mandó no apartarse de Jerusalén, sino esperar la promesa del Padre, la cual (dijo) oísteis de mi boca.* 5 Porque Juan bautizó con agua, mas vosotros habéis de ser bautizados en Espíritu Santo, no muchos días después de estos.* 6 Ellos entonces, habiéndose reunido, le preguntaron, diciendo: «Señor, ¿es este el tiempo en que restableces el reino para Israel?»* 7 Mas Él les respondió: «No os corresponde conocer tiempos y ocasiones que el Padre ha fijado con su propia autoridad; 8 recibiréis, sí, potestad, cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo; y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la Judea y Samaria, y hasta los extremos de la tierra».*

Ascensión del Señor

9 Dicho esto, fue elevado, viéndolo ellos, y una nube lo recibió (quitándolo) de sus ojos.* 10 Y como ellos fijaron sus miradas en el cielo, mientras Él se alejaba, he aquí que dos varones, vestidos de blanco, se les habían puesto al lado,* 11 los cuales les dijeron: «Varones de Galilea, ¿por qué quedáis aquí mirando al cielo? Este Jesús que de en medio de vosotros ha sido recogido en el cielo, vendrá de la misma manera que lo habéis visto ir al cielo».*

En el Cenáculo de Jerusalén

12 Después de esto regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos que está cerca de Jerusalén, distante la caminata de un sábado.* 13 Y luego que entraron, subieron al cenáculo, donde tenían su morada: Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo, Simón el Zelote y Judas de Santiago.* 14 Todos ellos perseveraban unánimes en oración, con las mujeres, con María, la madre de Jesús, y con los hermanos de Este.*

Elección del apóstol Matías

15 En aquellos días se levantó Pedro en medio de los hermanos y dijo —era el número de personas reunidas como de ciento veinte—: 16 «¡Varones, hermanos! era necesario que se cumpliera la Escritura que el Espíritu Santo predijo por boca de David acerca de Judas, el que condujo a los que prendieron a Jesús. 17 Porque él pertenecía a nuestro número y había recibido su parte en este ministerio. 18 Habiendo, pues, adquirido un campo con el premio de la iniquidad, cayó hacia adelante y reventó por medio, quedando derramadas todas sus entrañas.* 19 Esto se hizo notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de manera que aquel lugar, en la lengua de ellos, ha sido llamado Hacéldama, esto es, campo de sangre. 20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: “Su morada quede desierta, y no haya quien habite en ella”. Y: “Reciba otro su episcopado”.* 21 Es, pues, necesario que de en medio de los varones que nos han acompañado durante todo el tiempo en que entre nosotros entró y salió el Señor Jesús,* 22 empezando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue recogido de en medio de nosotros en lo alto, se haga uno de ellos testigo con nosotros de Su resurrección».* 23 Y propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Y orando dijeron: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra a quién de estos dos has elegido 25 para que ocupe el puesto de este ministerio y apostolado del cual Judas se desvió para ir al lugar propio suyo». 26 Y echándoles suertes, cayó la suerte sobre Matías, por lo cual este fue agregado a los once apóstoles.*

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