Salmo 108 (109) Biblia Straubinger Salmo 108 de 150

Salmo 108 (109)

Libros sapienciales · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Salmo 108 (109)

Oración imprecatoria contra los maldicientes

1 Al maestro de coro. De David. Salmo.
Oh Dios, Gloria mía, no enmudezcas,*

2 porque bocas impías y dolosas
se han abierto contra mí
y me hablan con lengua pérfida.

3 Me asedian con odiosos discursos,
me combaten sin motivo.*

4 Por lo que me debieran amar, me acusan,
y yo hago oración.*

5 Me devuelven mal por bien,
y odio a cambio de mi amor.*

6 Ponlo bajo la mano de un impío,
con el acusador a su derecha.*

7 Cuando se le juzgue, salga condenado,
y su oración sea pecado.*

8 Acórtense sus días,
y otro reciba su ministerio.*

9 Que sus hijos queden huérfanos
y viuda su mujer.

10 Anden sus hijos mendigando, errantes,
arrojados de sus casas destruidas.

11 El usurero aseche todos sus bienes,
y sea presa de los extraños
el fruto de su trabajo.

12 Nadie le muestre misericordia
y ninguno se compadezca de sus huérfanos.

13 Sea su posteridad entregada al exterminio,
extíngase su nombre
en la primera generación.

14 La culpa de sus padres
sea recordada [por Yahvé],
y el pecado de su madre no se borre.*

15 Estén siempre ante los ojos de Yahvé,
para que Él quite de la tierra su memoria;

16 pues no pensó en usar de misericordia,
sino que persiguió al infortunado, al pobre,
al afligido de corazón,
para darle el golpe de muerte.*

17 Amó la maldición. ¡Cáigale encima!
No quiso la bendición. ¡Apártese de él!*

18 Se revistió de maldición como de una túnica;
y le penetró como agua en sus entrañas,
y como aceite en sus huesos.

19 Séale como manto que lo cubra,
y como cinto con que siempre se ciña.

20 Tal pago tengan [de Yahvé]
los que me acusan
y los que profieren maldiciones contra mí.*

21 Mas Tú, Yahvé, Señor mío, haz conmigo
según la gloria de tu Nombre;
sálvame,
pues tu bondad es misericordiosa.*

22 Porque yo soy un infortunado y pobre,
y llevo en mí el corazón herido.*

23 Como sombra que declina,
me voy desvaneciendo;
soy arrojado como la langosta.

24 Mis rodillas vacilan,
debilitadas por el ayuno,
y mi carne, enflaquecida, desfallece.

25 Y he venido a ser el escarnio de ellos;
me miran, y hacen meneos de cabeza.

26 Ayúdame, Yahvé, Dios mío,
sálvame conforme a tu misericordia.

27 Y sepan que aquí está tu mano,
y que eres Tú, Yahvé, quien lo ha hecho.

28 Que ellos maldigan, pero Tú bendíceme.
Véanse confundidos
los que contra mí se levantan,
mas alégrese tu siervo.*

29 Sean cubiertos de ignominia
los que me acusan,
y envueltos en su confusión
como en un manto.

30 Mi boca rebosará de alabanzas a Yahvé;
en medio de la gran multitud
cantaré sus glorias;*

31 porque Él se mantuvo
a la derecha de este pobre
para salvarlo de sus jueces.*

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