Isaías 1 Biblia Straubinger Capítulo 1 de 66

Isaías 1

Libros proféticos · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 5, 1-12 Índice de libros

Introducción de la edición

No todos los profetas nos han dejado sus visiones en forma de escritos. De Elías y Elíseo, por ejemplo, solo sabemos lo que nos narran los libros históricos del Antiguo Testamento, principalmente los libros de los Reyes.

Entre los vates cuyos escritos poseemos es sin duda el mayor Isaías, hijo de Amos, de la tierra de Judá, quien fue llamado al duro cargo de profeta en el año 738 a. C, y cuya muerte ocurrió probablemente bajo el rey Manasés (693-639). Según una antigua tradición judía, murió aserrado por la mitad a manos de los verdugos de este impío rey. En 442 d. C. sus restos fueron transportados a Constantinopla. La Iglesia celebra su memoria el 6 de julio.

Isaías es el primero de los profetas del Antiguo Testamento, desde luego por lo acabado de su lenguaje, que representa el siglo de oro de la literatura hebrea, mas sobre todo por la importancia de los vaticinios que se refieren al pueblo de Israel, los pueblos paganos y los tiempos mesiánicos y escatológicos. Ningún otro profeta vio con tanta claridad al futuro Redentor, y nadie, como él, recibió tantas ilustraciones acerca de la salud mesiánica, de manera que San Jerónimo no vacila, en llamarlo «el Evangelista entre los profetas».

Se distinguen en el libro de Isaías un Prólogo (capítulo 1) y dos partes principales. La primera (capítulos 2-35) es una colección de profecías, exhortaciones y amonestaciones, que tienen como punto de partida el peligro asirio, y contiene vaticinios sobre Judá e Israel (2, 1 - 12, 6), oráculos contra las naciones paganas (13, 1 - 23, 18); profecías escatológicas (24, 1 - 27, 13); amenazas contra la falsa seguridad (28, 1-33, 24), y la promesa de la salvación de Israel (34, 1 - 35, 10). Entre las profecías descuellan las consignadas en los capítulos 7-12. Fueron pronunciadas en tiempo de Acaz y tienen por tema la Encarnación del Hijo de Dios, por lo cual son también llamadas «El Libro de Emmanuel».

Entre la primera y segunda parte media un trozo de cuatro capítulos (36-39) que forma algo así como un bosquejo histórico.

El capítulo 40 da comienzo a la parte segunda del Libro (capítulos 40-66), que trae veintisiete discursos cuyo fin inmediato es consolar con las promesas divinas a los que iban a ser desterrados a Babilonia, como expresa el Eclesiástico (48, 27 s.).

Fuera de eso, su objeto principal es anunciar el misterio de la Redención y de la salud mesiánica, a la cual precede la Pasión del «Siervo de Dios», que se describe proféticamente con la más sorprendente claridad.

No es de extrañar que la crítica racionalista haya atacado la autenticidad de esta segunda parte, atribuyéndola a otro autor posterior al cautiverio babilónico. Contra tal teoría que se apoya casi exclusivamente en criterios internos y lingüísticos, se levanta no solo la tradición judía, cuyo primer testigo es Jesús, hijo de Sirac (Eclesiastés 48, 25 ss.), sino también toda la tradición cristiana.

Para la interpretación de Isaías hay que tener presente lo dicho en la Introducción general.

Prólogo

Texto de Isaías 1

1 Visión que Isaías, hijo de Amós, tuvo acerca de Judá y Jerusalén en los días de Ocías, Joatán, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.*

Oráculo introductorio

2 Oíd, cielos, y tú, tierra, escucha;
porque habla Yahvé:
«He criado hijos y los he engrandecido,
mas ellos se han rebelado contra Mí.*

3 El buey conoce al que lo posee,
y el asno el pesebre de su amo;
pero Israel no (me) conoce;
mi pueblo no tiene inteligencia.»

4 ¡Ay de ti, nación pecadora,
pueblo cargado de culpa,
raza de malvados, hijos corrompidos!
Han abandonado a Yahvé,
han despreciado al Santo de Israel,
se han vuelto atrás.*

5 ¿De qué sirve daros golpes,
si seguís rebelándoos?
La cabeza toda está enferma,
y todo el corazón doliente.*

6 Desde la planta del pie hasta la cabeza,
no queda en él nada sano;
hay solo heridas, contusiones y llagas inflamadas,
que no han sido cerradas, ni vendadas,
ni suavizadas con aceite.

7 Vuestra tierra es un desierto;
vuestras ciudades han sido quemadas,
a vuestra vista los extranjeros
devoran vuestro suelo,
que está desolado
como si fuese destruido por extraños.

8 Y la hija de Sión queda como cabaña de viña,
como choza de melonar,
como ciudad sitiada.*

9 Si Yahvé de los ejércitos
no nos hubiera dejado un pequeño resto,
seríamos como Sodoma
y semejantes a Gomorra.*

10 ¡Oíd la palabra de Yahvé,
príncipes de Sodoma!
¡Escucha la ley de nuestro Dios,
oh pueblo de Gomorra!*

11 ¿De qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios?
dice Yahvé.
Harto estoy de los holocaustos de carneros
y del sebo de animales cebados;
no me agrada la sangre de toros,
ni la de corderos y machos cabríos.*

12 ¡Y venís a presentaros delante de Mí!
¿Quién os ha pedido que holléis mis atrios?

13 No traigáis más vanas ofrendas;
abominable es para Mí el incienso;
no aguanto más las neomenias
ni los sábados, ni las asambleas solemnes;
son asambleas solemnes con crimen.*

14 Mi alma aborrece vuestras neomenias
y vuestras fiestas; me son una carga, cansado estoy de soportarlas.

15 Cuando extendéis vuestras manos,
cierro ante vosotros mis ojos,
y cuando multiplicáis las oraciones, no escucho;
vuestras manos están manchadas de sangre.

16 Lavaos, purificaos; quitad de ante mis ojos la maldad de vuestras obras;
cesad de obrar mal.*

17 Aprended a hacer el bien, buscad lo justo,
poned coto al opresor,
haced justicia al huérfano,
defended la causa de la viuda.

Invitación a la conversión

18 Venid, discutamos juntos,
dice Yahvé.
Aunque vuestros pecados fuesen como la grana,
quedarán blancos como la nieve.
Aunque fuesen rojos como el carmesí,
vendrán a ser como lana.*

19 Si queréis y si me escucháis,
comeréis de lo mejor de la tierra.

20 Pero si no queréis y os rebeláis,
seréis devorados por la espada;
porque la boca de Yahvé ha hablado.

21 ¡Cómo se ha convertido en prostituta
la ciudad fiel!
Llena estaba de justicia,
la rectitud moraba en ella;
pero ahora es (ciudad) de homicidas.*

22 Tu plata se ha tornado escoria;
tu vino fue adulterado con agua;*

23 tus príncipes son unos obstinados
y compañeros de ladrones;
todos aman el soborno
y van tras los presentes;
no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.*

24 Por esto dice el Señor, Yahvé de los ejércitos, el Fuerte de Israel:
«Voy a tomar satisfacción de mis adversarios
y venganza de mis enemigos,
quitaré de ti todo el metal impuro.*

25 Volveré mi mano sobre ti,
y limpiaré como con lejía tus escorias,

26 Restituiré tus jueces como fueron al principio,
y tus consejeros como eran antes;
después de lo cual serás llamada ciudad de justicia, ciudad fiel.»

27 Sión será redimida con justicia,
y sus convertidos, con equidad.

Castigo de los rebeldes

28 Los transgresores y los pecadores serán quebrantados juntamente,
y anonadados los que abandonan a Yahvé.*

29 Pues os avergonzareis de las encinas que habéis amado,
y os abochornaréis por los jardines que habéis escogido.*

30 Seréis como encina cuya hoja se marchita,
y como huerto sin agua.

31 Será el fuerte como estopa,
y su obra cual chispa;
arderán los dos juntos, y no habrá quien apague el fuego.

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