Juan 8 Biblia Straubinger Capítulo 8 de 21

Juan 8

Evangelio según san Juan · Nuevo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Juan 8

La mujer adúltera

1 Y Jesús se fue al Monte de los Olivos.* 2 Por la mañana reapareció en el Templo y todo el pueblo vino a Él, y sentándose les enseñaba. 3 Entonces los escribas y los fariseos llevaron una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio, 4 le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. 5 Ahora bien, en la Ley, Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Y Tú, qué dices?»* 6 Esto decían para ponerlo en apuros, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir en el suelo, con el dedo. 7 Como ellos persistían en su pregunta, se enderezó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, tire el primero la piedra contra ella». 8 E inclinándose de nuevo, se puso otra vez a escribir en el suelo.* 9 Pero ellos, después de oír aquello, se fueron uno por uno, comenzando por los más viejos, hasta los postreros, y quedó Él solo, con la mujer que estaba en medio.* 10 Entonces Jesús, levantándose, le dijo: «Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te condenó?» 11 «Ninguno, Señor», respondió ella. Y Jesús le dijo: «Yo no te condeno tampoco. Vete, desde ahora no peques más».

Jesús, la luz del mundo

12 Jesús les habló otra vez, y dijo: «Yo soy la luz del mundo. El que me siga, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».* 13 Le dijeron, entonces, los fariseos: «Tú te das testimonio a Ti mismo; tu testimonio no es verdadero».* 14 Jesús les respondió y dijo: «Aunque Yo doy testimonio de Mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde vengo y adónde voy; mas vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. 15 Vosotros juzgáis carnalmente; Yo no juzgo a nadie;* 16 y si Yo juzgo, mi juicio es verdadero, porque no soy Yo solo, sino Yo y el Padre que me envió. 17 Está escrito también en vuestra Ley que el testimonio de dos hombres es verdadero.* 18 Ahora bien, para dar testimonio de Mí, estoy Yo mismo y el Padre que me envió». 19 Ellos le dijeron: «¿Dónde está tu Padre?» Jesús respondió: «Vosotros no conocéis ni a Mí ni a mi Padre; si me conocieseis a Mí, conoceríais también a mi Padre». 20 Dijo esto junto al Tesoro, enseñando en el Templo. Y nadie se apoderó de Él, porque su hora no había llegado aún.

Incredulidad de los judíos

21 De nuevo les dijo: «Yo me voy y vosotros me buscaréis, mas moriréis en vuestro pecado. Adonde Yo voy, vosotros no podéis venir». 22 Entonces los judíos dijeron: «Acaso va a matarse, pues que dice: Adonde Yo voy, vosotros no podéis venir». 23 Y Él les dijo: «Vosotros sois de abajo; Yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo; Yo no soy de este mundo.* 24 Por esto, os dije que moriréis en vuestros pecados. Sí, si no creéis que Yo soy (el Cristo), moriréis en vuestros pecados».* 25 Entonces le dijeron: «Pues ¿quién eres?» Respondióles Jesús: «Eso mismo que os digo desde el principio.* 26 Tengo mucho que decir y juzgar de vosotros. Pues El que me envió es veraz, y lo que Yo oí a Él, esto es lo que enseño al mundo». 27 Ellos no comprendieron que les estaba hablando del Padre. 28 Jesús les dijo pues: «Cuando hayáis alzado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que soy Yo (el Cristo), y que de Mí mismo no hago nada, sino que hablo como mi Padre me enseñó.* 29 Y El que me envió, está conmigo. Él no me ha dejado solo, porque Yo hago siempre lo que le agrada». 30 Al decir estas cosas, muchos creyeron en Él.*

La verdad nos hace libres

31 Jesús dijo entonces a los judíos que le habían creído: «Si permanecéis en mi palabra, sois verdaderamente mis discípulos,* 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».* 33 Replicáronle: «Nosotros somos la descendencia de Abrahán, y jamás hemos sido esclavos de nadie; ¿cómo, pues, dices Tú, llegaréis a ser libres?»* 34 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad, os digo, todo el que comete pecado es esclavo [del pecado].* 35 Ahora bien, el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo queda para siempre. 36 Si, pues, el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres. 37 Bien sé que sois la posteridad de Abrahán, y sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. 38 Yo digo lo que he visto junto a mi Padre; y vosotros, hacéis lo que habéis aprendido de vuestro padre».* 39 Ellos le replicaron diciendo: «Nuestro padre es Abrahán». Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais las obras de Abrahán. 40 Sin embargo, ahora tratáis de matarme a Mí, hombre que os he dicho la verdad que aprendí de Dios. ¡No hizo esto Abrahán! 41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre». Dijéronle: «Nosotros no hemos nacido del adulterio; no tenemos más que un padre: ¡Dios!» 42 Jesús les respondió: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais a Mí, porque Yo salí y vine de Dios. No vine por Mí mismo sino que Él me envió. 43 ¿Por qué, pues, no comprendéis mi lenguaje? Porque no podéis sufrir mi palabra.* 44 Vosotros sois hijos del diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él fue homicida desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay nada de verdad en él. Cuando profiere la mentira, habla de lo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira.* 45 Y a Mí porque os digo la verdad, no me creéis. 46 ¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado? Y entonces; si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? 47 El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; por eso no la escucháis vosotros, porque no sois de Dios».

Nuevas diatribas de los judíos

48 A lo cual los judíos respondieron diciéndole: «¿No tenemos razón, en decir que Tú eres un samaritano y un endemoniado?»* 49 Jesús repuso: «Yo no soy un endemoniado, sino que honro a mi Padre, y vosotros me estáis ultrajando. 50 Mas Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzgará.* 51 En verdad, en verdad, os digo, si alguno guardare mi palabra, no verá jamás la muerte».* 52 Respondiéronle los judíos: «Ahora sabemos que estás endemoniado. Abrahán murió, los profetas también; y tú dices: “Si alguno guardare mi palabra no gustará jamás la muerte”. 53 ¿Eres tú, pues, más grande que nuestro padre Abrahán, el cual murió? Y los profetas también murieron; ¿quién te haces a Ti mismo?» 54 Jesús respondió: «Si Yo me glorifico a Mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es quien me glorifica: Aquel de quien vosotros decís que es vuestro Dios;* 55 mas vosotros no lo conocéis. Yo sí que lo conozco, y si dijera que no lo conozco, sería mentiroso como vosotros, pero lo conozco y conservo su palabra. 56 Abrahán, vuestro padre, exultó por ver mi día; y lo vio y se llenó de gozo».* 57 Dijéronle, pues, los judíos: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?» 58 Díjoles Jesús: «En verdad, en verdad os digo: Antes que Abrahán existiera, Yo soy».* 59 Entonces tomaron piedras para arrojarlas sobre Él. Pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

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