Pero salvar un alma, ¡cuánto más vale!

El Padre Guillermo Doyle S.I., nos narra un hecho de alto valor simbólico, ocurrido en lrlanda. En un asilo de niños estalló un voraz incendio y se extendió con tal rapidez que, en pocos minutos, todo el edificio estaba en llamas. Los asilados tuvieron apenas tiempo para salvar sus vidas y se notó un suspiro de alivio al saberse la noticia que habían escapado sin novedad.
Mas, de repente, un grito de horror se levantó de la multitud, y todas las miradas se volvieron a una ventana de la parte más alta, donde una pobre criatura de unos diez años, con la palidez en el semblante y el espanto en sus ojos, se veía empeñada en romper en vano los barrotes de hierro que la aprisionaban. Partía el alma ver cómo extendía sus brazos y, con desesperados sollozos, pedía auxilio, mientras las llamas crecían con vertiginosa rapidez y amenazaban envolverlo de un momento a otro. Hombres esforzados se lanzaron hacia el sitio con el intento de salvar a la criatura; pero fueron detenidos por otros que sabían que era loca temeridad penetrar en el edificio. Las escalas estaban ardiendo y, de un momento a otro, podía derrumbarse el techo. Pasa un momento y un bombero se lanza como flecha dentro del edificio, precisamente al medio de las rugientes llamas. Silencio de muerte cae sobre la multitud; hasta los hombres más fuertes palidecen, pues nadie espera volver a ver a ese hombre. Más, de pronto, estalla un aplauso ensordecedor. En lo alto del edificio está el bombero con el niño entre sus brazos. Aplicase rápidamente la escalera y el niño, con su libertador, llegan en medio de sus amigos, mientras el techo se derrumba con fragoroso estruendo. Fue un acto heroico… Todos manifestaron su admiración a este héroe. Sin embargo, después de todo, ¿qué es lo que había hecho? Había salvado a un niño, había dado a este muchachito unos cuantos años más de vida.
Pero salvar un alma, ¡cuánto más vale! Es tanto como rescatar a una pobre criatura de los dolores del infierno, que nunca acaban, y darle la eterna dicha del cielo. ¡Qué comparación entre ambas acciones! Si es una acción noble librar una vida de un dolor humano, ¡qué será librarla de la miseria sin fin! Honda será la alegría que experimentaremos en el momento de la muerte si podemos decir: He contribuido con todas mis fuerzas a salvar un alma, que espero encontrar en el cielo. ¡Qué tranquilidad sentirá al presentarse ante Cristo, su Juez le pedirá cuenta de las gracias recibidas y podrá decir a Jesús: no enterré los talentos recibidos, los he hecho fructificar a la medida de mis fuerzas y con la ayuda de tu gracia. Un sacerdote celoso, consagrado a las almas, realiza una labor salvadora que nadie puede calcular. Son varios miles de personas las que reciben la influencia espiritual de cada sacerdote a quien Dios concede el término medio de vida humana. Los niños por él bautizados, moribundos asistidos espiritualmente, pecadores convertidos, adolescentes y jóvenes instruidos… ¿cuántos son?

San Alberto Hurtado – Elección de Carrera

4 Comentarios
  1. María Alicia Dice

    Gracias, es VERDAD, todo lo que aquí expresa este artículo.
    Se siente un GOZO EXTREMO, saber que uno ha LIBRADO un alma del infierno
    GLORIA a DIOS PADRE, NUESTRO Salvador

  2. Eliana Ibaceta Dice

    Es verdad 👍 el padre Hurtado,Creador de Hogar de Cristo,para los más pobres entre los pobres.
    Un Santo de nuestros tiempos.

  3. Ana Dice

    Buenas noches, una pregunta:
    ¿Se puede salvar el alma de una persona que ha fallecido sin ser católica? Es que últimamente he sabido de personas que fallecen así, y me pregunto qué se puede hacer por esas almas…

    1. Norma Beatriz Arrese Dice

      Orar hacer misas de 30 días seguidos, el Señor conoce el alma y corazón de ese hijo.

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