Consejos de una madre

Carta de la beata Concepción Cabrera de Armida a su hijo que se casa.

Pancho, mi querido hijo

No sólo una sino mil bendiciones te enviaría con ternura hoy, envolviéndote en ellas y en todas las bendiciones del Cielo.

Con el favor de Dios, El me da una gracia que pocas madres pueden contar: la de llevarte al altar y presentarte a la santa esposa que Nuestra Santísima Madre ha elegido para ti, sin mancha como yo misma te recibí a ti. Qué suerte llegar como azucena, como un ángel, a recibir la gracia del matrimonio. Esto sobre todo hará a tu padre muy feliz en el Cielo, por desear un matrimonio casto, que él también, bendecirá con afecto.

Entras en un nuevo estado de vida, hijo de mi alma; sólo puedes ser casto en él, sacrificándote y formando almas, si el Señor te provee con hijos, para Su Gloria.

Bendigamos a Dios por sus incontables dones.

Has sido un hijo modelo y espero que también seas un esposo cristiano, tan honorable, tan amoroso y noble como lo era tu padre: de esa manera vas a hacer a Elisa verdaderamente feliz, al ella unir su vida a la tuya, con gran devoción y primer amor.

Siempre oré para que el Señor te diera una esposa que te comprendiera, quien, con sus virtudes, endulzara tu carácter; quien cultivara tus sentimientos religiosos; quien fuera tu compañía en este exilio; quien enjugara las lagrimas de tus ojos; quien te ayudara a perseverar en las penas de la vida y calmara tu pena y te ayudara a remover las espinas de tu camino.

Dios ha escuchado mis humildes oraciones porque El nunca falla al escuchar las súplicas de una madre, y así, has encontrado este ideal en la tierra.

La vas a recibir hoy de las manos de la Santa Iglesia, ella es un don sagrado: ella va a ser la madre de tus hijos. Respétala, ámala y apréciala, y entonces ella será lo que tu quieres que ella sea.

Evade la más pequeña pelea y no te detengas ante el sacrificio para tener paz en tu hogar y con su familia. Es mejor ceder que romperse; con prudencia, educación y cierto sentido común, muchos problemas se pueden evitar.

¡Oh, hijo! ¡Nunca olvides que todo lo que eres, todo lo que tienes y la felicidad que gozas hoy, la debes al buen Jesús Quien te ha amado con tanta ternura! ¡De cuántos peligros te ha librado! ¡Cómo te ha cuidado desde que te quedaste huérfano! Verdaderamente la Divina Providencia te ha cuidado, te ha cubierto con su sombra y te ha conducido suavemente, abriendo nuevos horizontes para tu futuro. Sé agradecido, hijo mío; reconoce con gratitud la ternura de padre de Dios contigo y demuéstrale tu gratitud con tus acciones, y nunca te avergüences de ser un buen Cristiano.

Has sido un hijo favorecido de María; nunca dejes de acudir a ella; nunca te olvides de rezar el rosario, y en tus alegrías y en tus penas, permítele siempre ser tu Madre y la Madre de tus hijos. Depende de su amor para hacer de tu hogar, un hogar celestial. Antes de terminar esta carta, te daré un pequeño consejo salido del corazón que más te ama en la tierra.

Mantén tu fe aún en las grandes pruebas de la vida: la religión que profesas, la única verdadera, debe ser tu escudo y tu orgullo, e instruye en ella a los hijos que Dios desee darte, enseñándoles a amarla y respetarla como lo más grande del mundo.

Dirige a Elisa con dulzura, prefiriendo la persuasión y la buena razón, que la fuerza y la autoridad, lo cual causa enfriamiento. Recuerda que en la vida del matrimonio es peligroso extinguir la flama del amor, el respeto y la estima.

No invites amigos a tu casa frecuentemente, pero no seas un esposo celoso: los maridos desconfiados no rinden honor a su propia dignidad.

No seas muy confianzudo con los parientes de tu esposa: un respeto sincero, dignificado y constante, te alejará de las discusiones, aún si tienes que ceder.

No uses palabras duras con Elisa, y mucho menos ofensivas; mantente en silencio durante los primeros impulsos y nunca te arrepentirás de haberlo hecho.

Sé digno con todos pero nunca creído. Mantente honesto en toda circunstancia. No embarres tu alma con negocios que extorsionen a tu prójimo. Tú me entiendes. Que tu alma se mantenga limpia – la pobreza no embarra o avergüenza a nadie- serás muy feliz.

Participa en recreaciones honestas y siempre acompañado de tu esposa: si ella está enferma, no la abandones por tus amigos; estos compromisos la harían sufrir, aunque ella tenga la prudencia de no decirtelo.

Te digo, que en el matrimonio, aunque es necesario tener relaciones sociales, es más importante amar tu propio hogar y hacerlo acogedor, embelleciéndolo con flores, controlando tus inclinaciones y dedicándote a tus hijos con abnegación.

Que tu hogar, querido Pancho, sea un modelo de hogar cristiano donde reina el Señor y la atmósfera mundana no entra; donde la paz y la felicidad que nacen del cumplimiento de los deberes de uno, permanecen allí.

Cuida de recibir los sacramentos frecuentemente y nunca los abandones bajo ninguna circunstancia en tu vida. Elisa es una buena cristiana y tenderá a esas prácticas de piedad las cuales, aunque parezcan irrelevantes, son importantes en la formación de la familia.

Nunca gastes más de lo que tienes, ni siquiera todo lo que ganas: el ahorro ayuda a los matrimonios a evitar muchos problemas. Pero no seas avaricioso; proponte ser de un medio feliz, manteniendo una posición social decente y digna, no viviendo en el lujo, aún si llegas a ser rico. Deja que los pobres sean parte de tus gastos cotidianos, y Dios nunca te fallará.

No limites tu piedad a observancias externas sino, más bien, a la práctica de las virtudes, siendo paciente en la adversidad, resignado en los eventos adversos de la vida “porque si recibimos del Señor tanto bien, ¿porqué no recibir también los sufrimientos que El desee enviarnos?”.

Nunca dejes a tus hermanos si tu no pudieras estar ahí más tiempo, preocúpate de ellos como se preocuparía tu padre; tú lo representas ante ellos: ayúdalos en el futuro, sobre todo a sus almas, y el Señor te bendecirá.

Espero que el Señor me permita quedarme en la tierra para disfrutar de tu felicidad, pero al irte tu ahora y yo al estar enferma tan seguido, pensé en escribirte este consejo para el futuro; si los sigues serás muy feliz.

Perdóname, hijo, por el mal ejemplo que pude darte, no lo sigas. Te bendigo otra vez con toda mi alma en mi nombre y en el nombre de tu padre. Yo también me complacería si en este día feliz en el que Dios va a bendecir tu unión por medio de un santo Obispo, que te ama tanto, usaras este reloj que usó tu padre, hasta el último día de su vida: acéptalo como un regalo de gran valor por los recuerdos que contiene.

Así que sé feliz en tu matrimonio y seguramente que lo serás mientras cumplas la voluntad de Dios y la mantengas en el centro de tu corazón.

Tu humilde madre que te bendice,

Concepción

7 Comentarios
  1. Sara Dice

    Maravilloso testamento de una madre que formó un hijo modelo.
    Bendiciones para ella en el cielo.

  2. Nelly Rochel Dice

    Hermosa carta!! Muchas gracias por compartirla.

    1. Elena Murga Dice

      Bellísima!!! Dios los bendiga inmensamente por compartirnos esta bella carta, un millón de gracias!!!🙇‍♀️🙏😊🌹❤

  3. Verónica del Mar Méndez Rodríguez Dice

    Bellísima carta!! Gracias por compartir

    1. Auri Dice

      Maravillosa carta con un contenido profundo y check list de vida, para todo ser humano poner en práctica Gracias por compartir.

  4. Carolina Dice

    Preciosa.. Cuánta Santidad en sus palabras !🙏😊

  5. Patricia Dice

    Hermoso testimonio de una madre fiel a las enseñanzas de la santa madre iglesia, y a cómo cultivar y perseverar la fe en los hijos, una familia que vive en la voluntad de Dios y tiene por modelo y madre a la Santísima Virgen María, abarca con mucha piedad y sabiduría un legado para alcanzar la felicidad en muchas áreas que conforman un matrimonio, transmite mucho amor y observancia en los mandamientos de la ley de Dios con cada consejo que deja a su hijo, una carta que hoy día serviría para salvar a las familias de todo lo que hoy se vive contrario a la fe y ofende tanto a Dios, y como madre pone el ejemplo Conchita Cabrera como un modelo de familia cristiana viviendo con prudencia, amor y constancia en Cristo haciéndolo a Él centro de toda base de matrimonio bendecido por Dios. Muchas gracias por compartirlo muy noble ejemplo para observar e imitar aún tiempos tan turbulentos y alejados de la fe y enseñanzas de la Iglesia. Bendiciones

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