Perseverantes en Kalembela y Campamentos de verano – P Cano (Tanzania)

11 de julio de 2022
Hace un tiempo pude ir a la aldea de Kalembela, pero no pude escribirles la crónica a su tiempo. Sucedieron muchas cosas importantes después, sobre todo las misiones populares, y por ese motivo esta visita quedó sin salir a la luz en algun escrito. Sin embargo creo que la distancia con los hechos no creo que cambie el interés de poder compartirles lo vivido en aquél día.
En cada visita a las aldeas termino viajando un poco en el tiempo hacia el pasado, por medio del recuerdo, al pensar en la primera vez que pude ir a ese lugar, recordar la iglesia en la que rezamos y la comunidad que nos encontramos en aquellos pirmeros tiempos. Me gusta hacerlo, pues nos anima mucho al ver los avances que se han logrado en estos años.
La aldea de Kalemebela es una de las que están cerca de donde vivimos, tal vez unos siete u ocho kilómetros, nada más. Pero en esa zona, que está relativamente cerca, se encuentran muchos paganos. La razón es que si bien esa distancia no es tan grande, sin embargo tampoco es sencillo para ellos asistir a la misa de los domingos en la parroquia de Ushetu. Tal vez podrían venir para alguna fiesta importante, como Navidad o Pascua, y nada más. Los niños, sin asistir al catecismo, por la misma razón de la distancia. Sumado a todo esto, los cristianos son pocos, y muchos de ellos casados con paganos, y viviendo en un ambiente pagano.
Con los otros sacerdotes de la misión fuimos pensando en que sería bueno poder tener más capillas en esos lugares, y más catequistas. En esta aldea de Kalembela siempre se destacaban por la ausencia a las reuniones de la parroquia, y de hecho casi ni la considerábamos como comunidad, porque nunca los veíamos, pues cuando íbamos a visitarlos eran tres o cuatro adultos, y hasta los catequistas que enviamos para guiarlos se desanimaban al ver la frialdad de esa gente.
Recuerdo en concreto cuando fui por primera vez allí en el año 2015. Tengo las fotos de recuerdo en mi teléfono. Llegué a esa aldea en aquél entonces, y la capilla era muy pequeña, con paredes de adobe crudo, y techo con hojas de palmera. Gracias a Dios pudimos mejorar la asistencia espiritual a ése lugar, enviando desde hace cuatro años a algunos religiosos, cada semana, para dirigir la liturgia de la palabra el domingo, y dar catecismo a los niños. Los religiosos son los más indicados para estos apostolados, pues no se desaniman, y siguen yendo aunque la respuesta de la gente no sea la esperada. Pero sabemos que si se trabaja con perseverancia, y con esfuerzo, Dios hace fructificar aún en los terrenos más áridos. Nuestros deber es el trabajo, y el fruto depende de Dios. Además que nosotros generalmente medimos el fruto en números, o hechos externos, y sin embargo lo importante va por dentro, pues basta que una persona pida el bautismo, o un cristiano vuelva a Dios luego de muchos años, para que todo el trabajo apostólico quede pagado con creces.
Sin embargo, Dios es tan bueno que también nos permite ver los frutos externos. Pues ahora cuuando volví este año, y pensaba en los siete años que han pasado, sólo me queda dar gracias a Dios y alegrarme inmensamente. De hecho fué así en esta visita, pues realizamos cerca de 25 bautismos, entre ellos, de seis mujeres grandes, esposas y madres de familia. La mayoría de ellas casadas con paganos, y ellas eran paganas también, y como el matrimonio natural es verdadero matrimonio, pueden ellas bautizarse, recibir la comunión, y la confirmación. Muchas de ellas ayudan luego a que su esposo también se interese en la fe, y en muchos casos, piden el bautismo luego de varios años, o en el lecho de muerte.
La comunidad se ve más grande, se nota una gran participación, y muchos niños interesados en las cosas de la fe. La iglesia, bajo la protección de “Santa Rita”, ahora es una iglesia grande, construida con buenos materiales, con techo de chapas, con muros de bloques y cemento. Fuera de la iglesia, en un bosquecito de árboles bajos, pudimos hacer el festejo de los bautismos. Las señoras habían cocinado allí, y el terminar de comer cada grupo presentó canciones y bailes. El ambiente era sumamente alegre y reinaba un gran espíritu de familia. Parece increíble cómo ha crecido esta comunidad, y tantos frutos que se pueden esperar de ello.
Agradezco inmensamente a quienes han hecho posible esto, especialmente los religiosos que van cada semana, en bicileta por caminos llenos arena en medio del monte, cada domingo sin desanimarse. Agradezco a quienes nos han ayudado con sus donaciones a construir esta iglesia, en concreto al Sr. Pablo, de Ecuador; y también a dos jóvenes voluntarios que vinieron de España, Víctor y Pedro, quienes trabajaron duramente para hacer todos los bloques para esa construcción, y trajeron la ayuda para el cemento que se necesitaba para eso. Pero ellos mismos, durante dos semanas, trabajaron durísimo para hacer los bloques, un trabajo muy pesado en verdad.
Cerca de la parroquia de Ushetu hay muchos lugares como éste, que están cerca y lejos a la vez. Lugares que están llenos de paganos, y quedan a quince minutos de nuestra casa en vehículo. A cada uno de estos lugares, donde la distancia comienza a ser de más de tres kilómetros, aunque la comunidad no sea tan grande, les hemos enviado catequistas, y hemos comenzado a construir capillas pequeñas, para que tengan el lugar donde reunirse, y para darle vida a esa comunidad. Nos está dando un gran resultado, pues cada vez son más los que se acercan, y muchos los paganos que piden bautizarse.
Sin ir más lejos, hace un mes más o menos, fui a bendecir un terreno que compramos para dar comienzo a otra capilla, pues la comunidad ya está funcionando. Son muchos los que rezan, y hasta tienen coro. Aunque las celebraciones las hacen debajo de un gran árbol de mangos, como el catequista que los está asistiendo es muy entusiasta, la comunidad es muy grande y tienen deseos de tener pronto su iglesia.
La semilla del evangelio debe ser sembrada en todas partes, pues “el Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo”. (Mc. 4,26,27)
A menudo el labrador se tiene que contentar, primero, con trabajar y, luego, con esperar. Tiene que aprender que no hay tal cosa como resultados inmediatos. El misionero también debe aprender a trabajar y esperar. A menudo tiene que sembrar la buena semilla de la palabra en los corazones y en las mentes de sus oyentes sin ver un resultado inmediato. El campesino ha aprendido a esperar con paciencia, y eso también lo tiene que hacer el misionero.
¡Es la vitalidad de la semilla del evangelio!
¡Firmes en la brecha!

 

P. Diego Cano IVE

Durante el mes de Agosto realizaremos nuestros acostumbrados “Campamentos de catecismo“, para todos los niños y niñas de nuestra misión de Tanzania.
Se realizarán ocho campamentos de cinco días cada uno, en los que participarán casi 2.000 niños.
Les agradecemos vuestra ayuda para poder cubrir los gastos de comida y transporte. Pero de manera especial para poder comprar elementos de juego, y hacer un festejo al final de cada campamento, con una comida más completa, y entrega de premios.
El domingo pasado comenzamos con la “maratón” de campamentos de niños y niñas. Ahora estamos con uno de 56 niños, y otro de 285 niñas. Pero en las próximas semanas de agosto tendremos otros tres de varones y tres de niñas. El año pasado participaron casi 2.000 niños en total.
Son para que puedan reafirmar los conocimientos de catecismo, pero también para que el catecismo sea “vivo”, es decir, con misa, oración, rosario, procesiones, competencias, juegos, etc.
Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.” Mateo 25,40
¡Mil gracias a todos!
P. Diego Cano IVE

 

 

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1 comentario
  1. Clemencia Dice

    Que hermosa misión que Dios los bendiga y acompañe siempre.

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