Novena de Navidad – Día III

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NOVENA DE NAVIDAD

Día tercero

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Oración inicial para todos los días

Dios Padre Todopoderoso, que por amor has enviado a tu Hijo al mundo, nacido en la fragilidad de nuestra naturaleza, para sanar la herida que dejó el pecado; nacido en la humildad y sencillez del pesebre de Belén; te pedimos en esta novena que nos concedas aquella humildad y sencillez que arrebatan el Reino de los cielos a quienes en la tierra las posean; la pureza de corazón, contra las torcidas intenciones; y la firme determinación de echar fuera de nosotros el pecado, para hacer lugar en nuestras almas al Divino Niño que desea morar y reinar en ellas para siempre. Junto con estas virtudes, te pedimos que nos concedas la gracia de…

(Cada uno pide con fe en su corazón la gracia que desea alcanzar)

…Si es para tu mayor gloria y salvación de mi alma.

Meditación “El corazón de san José”

San José es el hombre del silencio, un perfecto contemplativo. No tenemos absolutamente ninguna palabra salida de sus labios en ninguno de los Evangelios, sólo referencias: sus acciones y las de Dios con él y nada más. Pareciera que ante “la Palabra eterna” ha preferido abstenerse de las suyas para dedicarse a ser dócil a Dios y a contemplar.

San José, según las Escrituras, es sencillamente “un varón justo”, es decir, santo; pero como la simplicidad habitualmente dice mucho, de esta castísima alma no es poco lo que podemos considerar, ya que lo que falta salir de sus labios sobreabunda en su interior, pues ¿acaso el Dios Todopoderoso, que hizo una madre tal para su Hijo, no se buscaría al más indicado para encomendarle el cuidado de ella y de su Hijo?; ¿no es acaso la sencilla y “muda figura de san José” un corazón gigante?; en otras palabras podríamos decirlo así: el corazón de san José era tan noble y puro que “Dios le pidió un favor”; el cuidado de sus dos grandes tesoros: una madre Inmaculada y un Hijo encarnado, para que los custodiara haciendo de ellos, junto con él, la más ejemplar familia.

Como narra la Sagrada Escritura, san José al enterarse que la Virgen estaba encinta, quiso abandonarla en secreto… ¿pero, por qué si no dudaba de su integridad moral?, pues porque había “algo demasiado grande allí”, algo que lo superaba y era incapaz de comprender, ante lo cual, por humildad, simplemente quiso dar un paso atrás. Pero Dios le envió a su ángel para confirmarlo en su misión guardiana, y desde allí la cumplió fielmente en adelante. Veía crecer el vientre purísimo de María, y contemplaba allí la gestación de la redención. Ahora en el pesebre, su corazón paternal comparte ya la cruz del Niño Dios, al no poderle ofrecer un lugar más digno, y sufrir también el frío de la noche y el de la humanidad que no ha brindado calor a quien viene a ofrecer redención.

Aprendamos del corazón de san José a contemplar, a acompañar y custodiar, a aceptar la voluntad de Dios con fidelidad inquebrantable; a sufrir cuando “se aparta a Jesucristo”, y a hacer también por Él todo aquello que nos pida para involucrarnos en su inefable obra de la redención.

Oración final para todos los días

 Oh, humildísimo Niño Dios, que quisiste nacer en el frío, apartado y pobrísimo pesebre de Belén, te pedimos la gracia de alcanzar lo que pedimos en esta novena, y junto con ello el firme deseo de no apartarnos más de ti, ni de apartarte de nuestros corazones por medio del pecado, haciendo de ellos una morada cada vez más digna de tu amor mediante la práctica de las virtudes y el compromiso de vivir fielmente nuestra fe.Tú que vives y reinas, por los siglos de los siglos. Amén.

LETANÍAS DEL DIVINO NIÑO

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Dios Padre Celestial, Ten piedad de nosotros
Dios, Hijo Redentor del mundo, Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo, Ten piedad de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, Ten piedad de nosotros
Niño Jesús, palabra hecha carne, Ten piedad de nosotros
Niño Jesús, descendiente de Abraham, Ten piedad de nosotros
Niño Jesús, hijo de José, Ten piedad de nosotros
Niño, Dios con nosotros, Ten piedad de nosotros
Niño, nacido de María en Belén, Ten piedad de nosotros
Niño, adorado por los pastores, Ten piedad de nosotros
Niño, glorificado por los Ángeles, Ten piedad de nosotros
Niño, perseguido por Herodes, Ten piedad de nosotros
Niño, adorado por los Magos, Ten piedad de nosotros
Consagrado al Señor con la ofrenda de los pobres, Ten piedad de nosotros
Salvación para todos los pueblos, Ten piedad de nosotros
Fugitivo en Egipto, Ten piedad de nosotros
Signo de contradicción, Ten piedad de nosotros
Testimoniado por la sangre de los inocentes, Ten piedad de nosotros
Perdido y hallado en el Templo, Ten piedad de nosotros
Cumplimiento de todas las Profecías, Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el Pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el Pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el Pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

 

Jesús, José y María,

os doy el corazón y el alma mía.

Jesús, José y María,

asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María,

expire en paz con vosotros el alma mía.

 

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