Rezar con San Ignacio – día noveno

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Video de su vida: (9 de 9)

Rezar con San Ignacio: 

No existe nada más opuesto al mundo que las bienaventuranzas: «Lo que todo el mundo huye –dice San Juan Crisóstomo–, eso nos presenta el Señor como apetecible».

El mundo reclama riqueza, Cristo reclama pobreza, el mundo premia a los vengativos, Cristo premia a los mansos; el mundo exige placeres carnales, Cristo exige mortificación; el mundo llama «vivos» a los injustos, Cristo a los que tienen hambre y sed de justicia; el mundo considera fuertes a los duros, Cristo a los misericordiosos; el mundo exalta a los lujuriosos, Cristo a los puros; el mundo admira a los violentos; Cristo a los pacíficos; el mundo busca la comodidad y el «pasarla bien», Cristo busca a los que «la pasan mal» y a los que sufren persecución.

Por eso, por vivir exactamente al revés de lo que el mundo quiere, por vivir de modo diametralmente opuesto a sus gustos, pareceres y decires, es que el mundo y los mundanos consideran locos a los católicos y a los religiosos verdaderos.

Para algunos «cristianos» los milagros son cosa de locura. Como enseña San Pablo, los no iniciados o infieles al ver los carismas milagrosos: ¿no dirían que estáis locos? (1Co 14,23).

Si nosotros viviésemos el auténtico cristianismo y no el que se vive de cabezas huecas, corazones vacíos y panza llena… nos dirían locos.

Los santos deben desear ser tenidos por locos: «deseo más ser estimado por vano y loco por Cristo que primero fue tenido por tal que por sabio ni prudente en este mundo».

¿Seguimos de verdad a Cristo, que nos amó hasta la locura –como le dice Santa Catalina de Siena: «¡Oh, loco de amor!… ¿porqué te has vuelto así loco? Porque te has enamorado de tu criatura…»– o seguimos al mundo?

La locura cristiana consiste en que debemos vivir en el más, en el por encima, es decir, donde cesa todo equilibrismo, todo cálculo, todo «te doy para que me des». Lo cristiano comienza sólo allí donde ya no se cuenta, ni se calcula, ni se pesa, ni se mide. ¿Amas sólo al que te ama? ¿Das sólo al que te lo puede devolver? ¿Haces favores sólo a los que te dan las gracias? ¿Qué importancia tiene eso? ¿No hacen eso también los paganos? (Mt 5,47).

La santa locura consiste en vivir las bienaventuranzas. Si no es locura vivir según las bienaventuranzas, es que la locura no existe.

¡Bienaventurados los locos por Cristo! Se los llevará de aquí para allá, se los calumniará de toda forma, se reirán de ellos y los tendrán por torpes, atrasados y débiles mentales. De ellos es el Reino de los Cielos.

¡Bienaventurados…!, porque viven la locura del amor sin límites ni medidas, que pasa aun sobre los lazos de la sangre, si éstos se convierten en obstáculo: Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo (Lc 14, 26). Es el amor convertido en espada que corta, que separa, que hiere, que estorba a la falsa paz. Eso nos trajo Cristo: No penséis que he venido a poner paz en la tierra; no vine a poner paz, sino espada (Mt 10,34).

Es la locura de bendecir a los que nos maldicen (Ro 12,14), de no devolver mal por mal (Ro 12,17).

¡Bienaventurados los locos por Cristo!, porque se han despojado de sí mismos hasta los últimos harapos y están ante Dios en toda su candidez.

¡Bienaventurados los locos por Cristo!, porque son más pobres que una laucha, porque viven la pobreza triunfal, porque obedecen hasta la muerte, porque viven por María, con María, en María y para María.

IDENTIFICARME CON JESUS

Espíritu Santo,
concédeme el don de identificarme totalmente con Jesús,
de tal manera que quiera y opte por más pobreza con Cristo pobre, que por riqueza.
Que quiera y opte por oprobios con Cristo lleno de ellos, que por honores.
Concédeme también el desear más ser tenido por vano y loco por Cristo,
que lo tuvieron por tal,
que por sabio y prudente en este mundo.

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