Job 1 Biblia Straubinger Capítulo 1 de 42

Job 1

Libros sapienciales · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Introducción a los libros sapienciales

A los libros históricos sigue, en el Canon del Antiguo Testamento, el grupo de los libros llamados didácticos (por su enseñanza) o poéticos (por su forma) o sapienciales (por su contenido espiritual), que abarca los siguientes libros: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría, Eclesiástico. Todos estos son principalmente denominados libros sapienciales, porque las enseñanzas e instrucciones que Dios nos ofrece en ellos, forman lo que en el Antiguo Testamento se llama Sabiduría, que es el fundamento de la piedad. Temer ofender a Dios nuestro Padre, y guardar sus mandamientos con amor filial, esto es el fruto de la verdadera sabiduría. Es decir, que si la moral es la ciencia de lo que debemos hacer, la sabiduría es el arte de hacerlo con agrado y con fruto. Porque ella fructifica como el rosal junto a las aguas (Eclesiástico 39, 11).

Bien se ve cuán lejos estamos de la falsa concepción moderna que confunde sabiduría con el saber muchas cosas, siendo más bien ella un sabor de lo divino, que se concede gratuitamente a todo el que lo quiere (Sabiduría 6, 12 ss.), como un don del Espíritu Santo, y que en vano pretendería el hombre adquirir por sí mismo. Cf. Job 28, 12 ss. La Liturgia cita todos estos libros, con excepción del de Job y el de los Salmos, bajo el nombre genérico de Libro de la Sabiduría, nombre con que el Targum judío designaba el Libro de los Proverbios (Séfer Hokmah).

Los libros sapienciales, en cuanto a su forma, pertenecen al género poético. La poesía hebrea no tiene rima, ni ritmo cuantitativo, ni metro en el sentido de las lenguas clásicas y modernas. Lo único que la distingue de la prosa, es el acento (no siempre claro), y el ritmo de los pensamientos, llamado comúnmente paralelismo de los miembros. Este último consiste en que el mismo pensamiento se expresa dos veces, sea con vocablos sinónimos (paralelismo sinónimo), sea en forma de tesis y antítesis (paralelismo antitético), o aun ampliándolo por una u otra adición (paralelismo sintético). Pueden distinguirse, a veces, estrofas.

Al género poético pertenece también la mayor parte de los libros proféticos y algunos capítulos de los libros históricos, por ejemplo la bendición de Jacob (Génesis 49), el cántico de Débora (Jueces 5), el cántico de Ana (l Reyes 2), etc.

Introducción de la edición

Con el libro de Job volvemos a los tiempos patriarcales. Job, un varón justo y temeroso de Dios, está acosado por tribulaciones de tal manera que, humanamente, ya no puede soportarlas. Sin embargo, no pierde la paciencia, sino que resiste a todas las tentaciones de desesperación, guardando la fe en la divina justicia y providencia, aunque no siempre la noticia del amor que Dios nos tiene, y de la bondad que viene de ese amor (l Juan 4, 16) y según la cual no puede sucedernos nada que no sea para nuestro bien. Tal es lo que distingue a este santo varón del Antiguo Testamento, de lo que ha de ser el cristiano.

Inicia el autor sagrado su tema con un prólogo (capítulos 1-2), en el cual Satanás obtiene de Dios permiso para poner a prueba la piedad de Job. La parte principal (capítulos 3-42, 6) trata, en forma de un triple diálogo entre Job y sus tres amigos, el problema de porqué debe sufrir el hombre y cómo es compatible el dolor de los justos con la justicia de Dios. Ni Job ni sus amigos saben la verdadera razón de los padecimientos, sosteniendo los amigos la idea de que los dolores son consecuencia del pecado, mientras que Job insiste en que no lo tiene.

En el momento crítico interviene Eliú, que hasta entonces había quedado callado, y lleva la cuestión más cerca de su solución definitiva, afirmando que Dios a veces envía las tribulaciones para purificar y acrisolar al hombre.

Al fin aparece Dios mismo, en medio de un huracán, y aclara el problema, condenando los falsos conceptos de los amigos y aprobando a Job, aunque reprendiéndolo también en parte por su empeño en someter a juicio los designios divinos con respecto a él. ¿Acaso no debemos saber que son paternales y por lo tanto misericordiosos? En el epílogo (capítulo 42, 1-16) se describe la restitución de Job a su estado anterior.

La historicidad de la persona de Job está atestiguada repetidas veces por textos de la Sagrada Escritura (Ezequiel 14, 14 y 20; Tobías 2, 12; Santiago 5, 11), que confirman también su gran santidad. Según la versión griega, Job era descendiente de Abrahán en quinta generación, y se identificaría con Jobab, segundo rey de Idumea. Pero esta versión se aparta considerablemente del original. De todos modos, es cosa admitida, que Job no pertenecía al pueblo que había de ser escogido, lo cual hace más notable su ejemplo.

El autor inspirado que compuso el poema, reuniendo en forma sumamente artística las tradiciones acerca de Job, vivió en una época, en la cual la literatura religiosa estaba en pleno florecimiento, es decir, antes del cautiverio babilónico. No es de negar que el estilo del libro tenga cierta semejanza con el del profeta Jeremías, por lo cual algunos consideran a este como autor, aunque está claro que Jeremías es posterior y reproduciría pasajes de Job. Cf. Jeremías 12, 1 y Job 21, 1; Jeremías 11, 1 y Job 19, 23; Jeremías 20, 14-18 y Job 3 3-10; Jeremías 20, 11 y Job 3, 11, etc. Otros lo han atribuido al mismo Job, a Eliú, a Moisés, a Salomón, a Daniel. Ya San Gregorio Magno señala la imposibilidad de establecer el nombre del autor.

Job, cubierto de llagas, insultado por sus amigos, padeciendo sin culpa, y presentando a Dios quejas tan desgarradoras como confiadas, es imagen de Jesucristo, y solo así podemos descubrir el abismo de este Libro que es una maravillosa prueba de nuestra fe. Porque toda la fuerza de la razón nos lleva a pensar que hay injusticia en la tortura del inocente. Y es Dios mismo quien se declara responsable de esas torturas. Esta prueba nos hace penetrar en el gran misterio de «injusticia» que el amor infinito del Padre consumó a favor nuestro: hacer sufrir al Inocente, por salvar a los culpables. ¡Y el castigado era SU HIJO único!

Las lecciones del Oficio de Difuntos están tomadas totalmente del Libro de Job y comprenden sucesivamente los siguientes pasajes: 7, 16-21; 10, 1-7, 8-12; 13,22-28; 14, 1-6, 13-16; 17, 1-3, 11-15; 19, 20-27; 10, 18-22.

Prólogo

Texto de Job 1

Job, varón justo y recto

1 Había en tierra de Us un varón que se llamaba Job; era hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.* 2 Le nacieron siete hijos y tres hijas, 3 y poseía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muy numerosa servidumbre. Era así aquel hombre más poderoso que todos los orientales.*

4 Sus hijos solían visitarse el uno al otro en sus casas y celebrar banquetes, cada cual en su día, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. 5 Concluido el turno de los días del convite, Job los hacía venir, y los santificaba. Madrugando por la mañana ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos; pues decía Job: «Quizá hayan pecado mis hijos, y maldecido a Dios en sus corazones.» Así obraba Job siempre.*

Dios da a Satanás poder sobre Job

6 Un día cuando los hijos de Dios fueron a presentarse delante de Yahvé, vino también entre ellos Satanás.* 7 Y dijo Yahvé a Satanás: «¿De dónde vienes?» Respondió Satanás a Yahvé y dijo: «Acabo de dar una vuelta por la tierra y pasearme por ella.» 8 Y preguntó Yahvé a Satanás: «¿Has reparado en mi siervo Job?, pues no hay ninguno como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.»* 9 Respondió Satanás a Yahvé, y dijo: «¿Acaso teme Job a Dios desinteresadamente?* 10 ¿No le has rodeado con tu protección por todas partes a él, su casa y todo cuanto tiene? Has bendecido la obra de sus manos, y su hacienda se ha multiplicado sobre la tierra. 11 Pero anda, extiende tu mano y toca cuanto es suyo, y verás cómo te maldice en la cara.» 12 Dijo entonces Yahvé a Satanás: «He aquí que todo cuanto tiene está en tu mano; pero no extiendas tu mano contra su persona.» Con esto se retiró Satanás de la presencia de Yahvé.*

Job privado de sus bienes

13 Ahora bien, mientras un día sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano mayor, 14 llegó un mensajero a Job y dijo: «Estaban los bueyes arando, y las asnas paciendo junto a ellos, 15 cuando cayeron sobre ellos los sabeos y se los llevaron, pasando a cuchillo a los siervos. Y yo solo he escapado para traerte la noticia.»*

16 Todavía estaba este hablando, cuando llegó otro, que dijo: «Fuego de Dios ha caído del cielo, que abrasó a las ovejas y a los siervos, devorándolos; yo solo he podido escapar para traerte la noticia.»*

17 Todavía estaba este hablando, cuando vino otro, que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, cayeron sobre los camellos y se los llevaron, pasando a cuchillo a los siervos; y yo solo he escapado para traerte la noticia.»*

18 Aún estaba este hablando, cuando entró otro y dijo: «Mientras tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano mayor, 19 sobrevino del otro lado del desierto un gran viento, que sacudió las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, que quedaron muertos; y yo solo he escapado para traerte la noticia.»

En la adversidad Job bendice a Dios

20 Entonces Job se levantó, rasgó su manto y se rapó la cabeza. Y postrado en tierra adoró,*

21 y dijo:
«Desnudo salí de las entrañas de mi madre
y desnudo volveré allá.
Yahvé lo ha dado, Yahvé lo ha quitado.
¡Sea bendito el nombre de Yahvé!»*

22 En todo esto no pecó Job, ni dijo palabra insensata contra Dios.

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