Texto de Salmo 43 (44)
Apremiante súplica de Israel
1 Al maestro de coro. De los hijos de Coré. Maskil.*
2 Oímos, oh Dios, con nuestros oídos,
nos contaron nuestros padres,
los prodigios que hiciste en sus días,
en los días antiguos.*
3 Tú, con tu mano,
expulsando pueblos gentiles,
los plantaste a ellos;
destruyendo naciones,
a ellos los propagaste.*
4 Pues no por su espada ocuparon la tierra,
ni su brazo les dio la victoria;
fue tu diestra y tu brazo,
y la luz de tu rostro;
porque Tú los amabas.*
5 Tú eres mi Rey, mi Dios,
Tú, el que dio la victoria a Jacob.
6 Por Ti batimos a nuestros enemigos;
y en nombre tuyo hollamos
a los que se levantaron contra nosotros.
7 Porque no en mi arco puse mi confianza,
ni me salvó mi espada,
8 sino que Tú nos has salvado
de nuestros adversarios,
y has confundido a los que nos odian.
9 En Dios nos gloriábamos cada día,
y continuamente celebrábamos tu Nombre.
10 Pero ahora Tú nos has repelido
y humillado;
ya no sales, oh Dios, con nuestros ejércitos.*
11 Nos hiciste ceder ante nuestros enemigos,
y los que nos odian
nos han saqueado como han querido.
12 Nos entregaste como ovejas
destinadas al matadero,
y nos desparramaste entre los gentiles.
13 Vendiste a tu pueblo sin precio,
y no sacaste gran provecho de esa venta.*
14 Nos hiciste el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y el ludibrio
de los que nos rodean.*
15 Nos convertiste en fábula de los gentiles,
y recibimos de los pueblos
meneos de cabeza.
16 Todo el día tengo ante los ojos
mi ignominia,
y la confusión cubre mi rostro,
17 a los gritos del que me insulta y envilece,
a la vista del enemigo,
ávido de venganza.
18 Todo esto ha venido sobre nosotros,
mas no nos hemos olvidado de Ti,
ni hemos quebrantado
el pacto hecho contigo.*
19 No volvió atrás nuestro corazón,
ni nuestro paso se apartó de tu camino,
20 cuando nos aplastaste
en un lugar de chacales
y nos cubriste con sombras de muerte.*
21 Si nos hubiéramos olvidado
del nombre de nuestro Dios,
extendiendo nuestras manos
a un Dios extraño,
22 ¿no lo habría averiguado Dios,
Él, que conoce los secretos del corazón?
23 Mas por tu causa
somos ahora carneados cada día,
tenidos como ovejas de matadero.*
24 Despierta, Señor. ¿Por qué duermes?
Levántate; no nos deseches para siempre.*
25 ¿Por qué ocultas tu rostro?
¿Te olvidas de nuestra miseria
y de nuestra opresión?
26 Agobiada hasta el polvo está nuestra alma,
y nuestro cuerpo pegado a la tierra.
27 ¡Levántate en nuestro auxilio,
líbranos por tu piedad!