Salmo 101 (102) Biblia Straubinger Salmo 101 de 150

Salmo 101 (102)

Libros sapienciales · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Salmo 101 (102)

1 Oración de un afligido que desfallece y derrama su angustia ante el Señor.*

2 Escucha, Yahvé, mi oración,
y llegue a Ti mi clamor.*

3 No quieras esconderme tu rostro
en el día de mi desolación;
inclina hacia mí tu oído;
apresúrate a atenderme
en el día de mi llamado.

4 Porque mis días se desvanecen como el humo,
y mis huesos arden como fuego.*

5 Abrasado, como la hierba,
se seca mi corazón;
me olvido de comer mi pan.*

6 A fuerza de gemir y llorar
se me pega la piel a los huesos.

7 Soy como el pelícano del desierto,
hecho semejante al búho entre las ruinas.*

8 No puedo conciliar el sueño, y me lamento
como el ave solitaria sobre el tejado:

9 Mis enemigos me insultan sin cesar,
y los que se enfurecen contra mí,
toman mi nombre como imprecación.

10 Mi comida es ceniza en vez de pan,
y mezclo mi bebida con las lágrimas,*

11 a causa, de tu indignación y tu furor,
porque me arrojaste
después de levantarme en alto.*

12 Mis días son como la sombra que se alarga;
y, como la hierba, voy secándome,*

13 mas Tú, Yahvé, permaneces siempre,
y tu Nombre es de generación en generación.*

14 Tú te levantarás y serás propicio a Sión,
porque tiempo es ya de que te apiades de ella;
a llegado la hora.*

15 Ya tus siervos aman sus piedras.
sienten compasión de sus ruinas.*

16 Así, oh Yahvé, los gentiles
reverenciarán tu Nombre,
y tu gloria todos los reyes de la tierra,*

17 porque Yahvé habrá restaurado a Sión,
y Él se mostrará en su gloria.

18 Se volverá hacia la oración de los despojados,
y no despreciará sus ruegos.*

19 Escríbase esto para la generación venidera,
para que el pueblo
que va a nacer alabe a Yah.*

20 Porque Yahvé se habrá inclinado
desde su excelso santuario,
desde el cielo habrá mirado a la tierra,

21 para escuchar el gemido de los cautivos
y librar a los destinados a la muerte,*

22 a fin de que en Sión sea pregonado
el Nombre de Yahvé,
y en Jerusalén su alabanza,*

23 cuando allí se congreguen a una los pueblos
y los reinos, para servir a Yahvé.

24 Él quebrantó mis fuerzas a medio camino;
acortó mis días.*

25 Y yo clamo: Oh Dios mío,
no me quites de esta vida
en la mitad de mis días,
Tú, cuyos años duran
por todas las generaciones.

26 En el principio cimentaste la tierra,
y obra de tus manos es el cielo.*

27 Ellos van pasando,
mas Tú permanecerás;
todo en ellos se envejece
como una vestidura;
Tú los mudarás
como quien cambia de vestido,
y quedarán cambiados.*

28 Mas Tú eres siempre el mismo,
y tus años no tienen fin.

29 Los hijos de tus siervos morarán seguros,
y su posteridad será estable delante de Ti.*

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