Eclesiástico 36 Biblia Straubinger Capítulo 36 de 51

Eclesiástico 36

Libros sapienciales · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Eclesiástico 36

Oración por la restauración de Israel

1 Oh, Dios de todas las cosas, ten compasión de nosotros; vuelve hacia nosotros tus ojos, y muéstranos la luz de tus misericordias.*

2 Infunde tu temor en las naciones, que no han pensado en buscarte; para que entiendan que no hay otro Dios sino Tú, y pregonen tus maravillas.*

3 Alza tu brazo contra las naciones extrañas, para que experimenten tu poder.

4 Porque así como a vista de sus ojos demostraste en nosotros tu santidad; así también a nuestra vista mostrarás en ellas tu grandeza;*

5 a fin de que conozcan, como nosotros hemos conocido, que no hay otro Dios fuera de Ti, oh Señor.

6 Renueva los prodigios, y haz nuevas maravillas.*

7 Glorifica tu mano, y tu brazo derecho.

8 Despierta la cólera, y derrama la ira.

9 Destruye al adversario, y abate al enemigo.

10 Acelera el tiempo, no te olvides del fin; para que sean celebradas tus maravillas.*

11 Devorados sean por el fuego de la ira aquellos que escapan; y hallen su perdición los que tanto maltratan a tu pueblo.

12 Quebranta las cabezas de los príncipes enemigos, los cuales dicen: «No hay otro fuera de nosotros.»

13 Reúne todas las tribus de Jacob; para que conozcan que no hay más Dios que Tú, y publiquen tu grandeza, y sean herencia tuya, como lo fueron desde el principio.*

14 Apiádate de tu pueblo que lleva tu nombre, y de Israel a quien has tratado como a primogénito tuyo.*

15 Apiádate de Jerusalén, ciudad que has santificado, ciudad de tu reposo.*

16 Llena a Sión de tus palabras inefables, y a tu pueblo de tu gloria.

17 Declárate a favor de aquellos que desde el principio son creaturas tuyas y verifica las predicciones que anunciaron en tu nombre los antiguos profetas.*

18 Remunera a los que esperan en Ti, para que se vea la veracidad de tus profetas; y oye las oraciones de tus siervos,*

19 según la bendición que dio Aarón a tu pueblo, y enderézanos por el sendero de la justicia. Sepan los moradores todos de la tierra, que Tú eres el Dios que dispone los siglos.*

Elección de esposa

20 El vientre recibe toda suerte de manjares; pero hay un manjar que es mejor que otro.

21 El paladar distingue el plato de caza; así el corazón discreto las palabras falsas.

22 El corazón depravado ocasionará dolores; mas el hombre sabio se le opondrá.

23 La mujer tomará por marido a cualquier varón; mas entre las doncellas una es mejor que otra.*

24 Las gracias de la mujer bañan de alegría el rostro de su marido, y producen en él un afecto superior a todos los deseos del hombre.*

25 Si su lengua habla palabras saludables, de blandura y de compasión, el marido de esta mujer tendrá una ventaja que no es común entre los hombres.*

26 Quien posee una buena esposa, comienza a formar un patrimonio, tiene una ayuda semejante a él, y una columna de apoyo.

27 Donde no hay cerca, la heredad será saqueada; donde no hay mujer, gime el hombre en la pobreza.

28 ¿Quién se fía de aquel que no tiene nido, y que se echa para dormir donde le sorprende la oscuridad de la noche, y es como un ladrón muy listo que salta de una ciudad a otra?*

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