¡Cristo Rey! ¡Oh pobre Rey sin tierra!

Si Cristo bajara de nuevo a la tierra, volvería a ser rechazado como ocurrió en la noche de Belén, cuando sus padres le buscaban hospedaje.  ¿Dónde podría nacer Cristo?

San José pasa por muchas ciudades y toca la puerta de muchas casas. «No podemos acoger a nadie más; no tenemos sitio

Toca en los estudios de los artistas. «De ninguna manera; el arte no tiene porque verse influido por la moral.»

Toca en las redacciones de los diarios; toca en los cines y teatros. No le dejan entrar… «No hay lugar para El.»

Toca a las puertas de las fábricas. «¿Estás inscrito en el sindicato?», es la pregunta con que le reciben. «¿No? Entonces, ¿a qué vienes?…»

Cristo no cuenta para nada en este mundo. 

«¡Cristo Rey!» ¡Oh pobre Rey sin tierra!

Hace siglos que los bacilos de la peste de la inmoralidad se han infiltrado solapadamente en la sangre de la humanidad; a costa de ir diluyendo cada vez más la doctrina de Cristo, ¡ahora nos encontramos que está todo corrompido!

El destierro de Cristo empezó en el mundo de las ideas. Día tras día íbamos pensando en todo menos en Dios. Nuestra fe se debilitaba cada vez más. No ha muerto aún, es cierto — todavía somos cristianos—; pero está dormida. ¿No lo crees, amigo lector?

¡Oh!, ¡si tuviésemos una lámpara de Aladino para descubrir en qué piensan los hombres!… Observa, sino, los pensamientos de muchos cristianos durante el día; ¿son diferentes de los que pudieron tener los paganos honrados, los paganos rectos, antes de la venida de Cristo? Un poco de bondad natural, una honradez exterior, cortesía…; pero, en el fondo del alma, un mundo helado, un mundo sin Cristo. Y la gran apostasía se continuó en el hablar. Hablamos de las cosas en que pensamos, de las cosas que llenan nuestro corazón. De la abundancia del corazón habla la boca.

No pensamos en Cristo, en sus leyes, en su Iglesia; por este motivo, tampoco entran en nuestros temas de conversación. ¡De cuántas cosas se habla hasta entre los católicos! Deporte, veraneo, diversiones, peinados, modas, clima, política, viticultura, del dólar, del cine, de la salud, dietas, estudios…; pero ¿y de Cristo? No hablamos de Él, sencillamente, porque no pensamos en Él. Estamos dispuestos a charlar largo y tendido de cualquier tontería; pero nos sonrojamos de hablar de Dios, que nos creó. Hacemos una lista de los propios méritos y, cuando llega el momento de hablar de Aquel ante quien han de hincarse todas las rodillas, cuando nos toca hablar de cosas religiosas, nos sentimos encogidos. En la Europa llamada cristiana, ¿Cuántas veces al año se pronuncia el nombre de Cristo? ¡Menos todavía el de Cristo Rey! ¡Oh pobre Rey desterrado!

Esta es la triste situación de la sociedad moderna. Hemos desterrado al Rey. «No queremos que éste reine sobre nosotros.» La política dijo: ¿A qué viene aquí Cristo? La vida económica exclamó: El negocio no tiene nada que ver con la moral. La industria proclamó: con Cristo no obtendríamos tantas ganancias. En las ventanillas de los Bancos le dijeron: Vete, nada tienes que buscar entre nosotros. En los laboratorios y universidades: La fe y la ciencia se excluyen… Y, finalmente, hemos desembocado en la situación actual, que parece escribir un gran INRI: ¡Cristo no existe! ¡El Rey ha muerto!

Entonces pregona el Papa Pío XI: ¡Aleluya! Jesucristo no ha muerto. ¡Aquí está el Rey! ¡Cristo vive y reina por los siglos de los siglos! ¡Lejos de nosotros un cristianismo diluido! Nosotros pregonamos que Cristo tiene derecho absoluto sobre todas las cosas: tiene derecho sobre el individuo, sobre la sociedad, sobre el Estado, sobre el Gobierno. Todo está sujeto a Cristo. ¡La misma política! ¡La misma vida económica! ¡El mismo comercio! ¡El mismo arte! ¡La misma familia, el niño, el joven, la mujer…, todo, todo! Sí, Cristo es Rey de todos los hombres. ¡Es el Rey de los reyes! ¡El presidente de los presidentes! ¡El Gobierno de los Gobiernos! ¡El Juez de los jueces! ¡El Legislador de los legisladores! El estandarte de Cristo ha de ondear por doquier: en la escuela, en el taller, en la redacción, en el Congreso. ¡Viva Cristo Rey!

Ha de repetirse el milagro de Caná: Señor, no tenemos vino, estamos bebiendo aguas pútridas por tanto materialismo. Haz que tengamos otros ojos, que todo lo miremos de manera distinta, que tengamos otro corazón y otros deseos…; que vivamos un cristianismo auténtico. ¡Señor, acompáñanos al orar, para que sepamos orar como Tú rezaste!

¡Señor, quédate con nosotros cuando trabajamos, para que sepamos trabajar como Tú trabajaste!

¡Señor, te queremos tener presente cuando comemos y nos regocijamos, cómo Tú te regocijaste con los hombres en las bodas de Caná!

¡Señor, acompáñanos cuando vamos por la calle, tal como Tú ibas con tus discípulos por los caminos de Galilea!

¡Señor, te queremos tener presente cuando estamos cansados y sufrimos, para que Tú nos consueles y alivies como lo hacías con los enfermos!

¡Señor, vuelve a ser nuestro Rey! ¡Tú eres nuestra Vida!

 

Mons. Tihamer Toth, Cristo Rey

3 Comentarios
  1. Nelly Rochel Dice

    Señor, Tú eres nuestro Rey!

    1. Alfredo Javier Pérez Dice

      Hermoso mensaje¡ y qué dura realidad!!! Cuando el Hijo del hombre vuelva, ¿encontrará Fe sobre la Tierra???

  2. Josefina Maria del Carmen Real Dice

    Señor de señores, Rey de reyes, ven Señor que te necesitamos!!!

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