Eclesiástico 11 Biblia Straubinger Capítulo 11 de 51

Eclesiástico 11

Libros sapienciales · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Eclesiástico 11

No te gloríes

1 La sabiduría ensalzará al humilde, y le dará asiento en medio de los magnates.*

2 No alabes al hombre por su bello aspecto, ni desprecies a nadie por su sola presencia exterior.*

3 Pequeña es la abeja entre los volátiles; mas su fruto es el primero en la dulzura.

4 No te gloríes jamás por el traje que llevas, y no te engrías cuando te veas ensalzado en alto puesto; porque solo las obras del Altísimo son admirables; gloriosas son ellas, pero ocultas e invisibles.*

5 Se sentaron en el trono muchos tiranos; y un hombre, en quien nadie pensaba, se ciñó la diadema.*

6 Cayeron en grande ignominia muchos potentados; y magnates fueron entregados en poder de otros.

Se moderado en tus actividades

7 A nadie reprendas antes de informarte; y habiéndote informado, reprenderás con justicia.*

8 Antes de haber escuchado, no respondas palabra; y mientras otro habla, no le interrumpas.

9 No porfíes sobre cosa que no te importa nada, ni te sientes para juzgar con los pecadores.

10 Hijo, no quieras abarcar muchos negocios; porque si te hicieres rico, no serás exento de culpa. Yendo tras de muchas cosas, no llegarás a alcanzar ninguna; y por mucho que corras, no te escaparás.*

Pobreza y riqueza

11 Hay hombre que, estando falto de piedad, trabaja y se afana y se duele, y tanto menos se enriquece.

12 Hay otro lánguido y necesitado de amparo, muy falto de fuerzas y abundante de miseria;

13 y a este Dios le mira con ojos benignos, le alza de su abatimiento y le hace levantar cabeza; de lo cual quedan muchos maravillados, y glorifican a Dios.*

14 De Dios vienen los bienes y los males, la vida y la muerte, la pobreza y la riqueza.*

15 De Dios son la sabiduría, la disciplina y la ciencia de la Ley; y del mismo son la caridad y las obras que hacen los buenos.*

16 El error y las tinieblas son connaturales a los pecadores; y los que se glorían en el mal, envejecen en la malicia.

17 El don de Dios permanece en los justos; e irá creciendo continuamente con feliz suceso.*

18 Hay quien se hace rico viviendo con escasez; y el único fruto que tiene por recompensa,*

19 es el decir: Yo he hallado mi reposo, y ahora comeré de mis bienes yo solo.

20 Mas él no sabe cuánto tiempo le resta; y no piensa que se le acerca la muerte, y que todo lo dejará a otros y morirá.

¡Cumple con tu deber!

21 Persiste en tu pacto, y de este trata, y acaba tus días cumpliendo con aquello que te está mandado.*

22 No fijes tu consideración en las obras de los pecadores; confía en Dios, y mantente en tu puesto.*

23 Porque fácil es a Dios el enriquecer en un momento al pobre.

Falsa riqueza

24 La bendición de Dios se apresura a recompensar al justo, y en breve tiempo le hace crecer y fructificar.

25 No digas: «¿Qué me queda ya que hacer? ¿Y qué bienes me vendrán en lo venidero?»

26 Tampoco digas: «Yo me basto a mí mismo; ¿y qué mal puedo temer para en adelante?»*

27 En los días buenos no te olvides de los días malos, y en el día malo acuérdate del día bueno.

28 Porque fácil es a Dios el dar a cada uno, en el día de la muerte, el pago según sus obras.

29 Una hora de mal hace olvidar los mayores deleites; y en el fin del hombre se manifiestan sus obras.

30 No alabes a nadie antes de su muerte; porque al hombre se le ha de conocer en sus hijos.*

Prudencia en la hospitalidad

31 No introduzcas en tu casa toda suerte de personas; pues son muchas las acechanzas de los maliciosos.*

32 Porque así como un estómago fétido arroja regüeldos, y como la perdiz es conducida a la trampa, y la corza al lazo; así sucede con respecto al corazón del soberbio, el cual como de una atalaya está acechando la caída de su prójimo;

33 y convirtiendo el bien en mal, está poniendo acechanzas; y pondrá tacha en los mismos escogidos.

34 Por una chispa se levanta un incendio, y por un hombre doloso se vierte mucha sangre; porque el pecador asecha la sangre.

35 Guárdate del hombre corrompido, pues está fraguando males; no sea que te cubra de perpetua infamia.

36 Si admites en tu casa al extranjero, te trastornará como un torbellino, y te alejará de los tuyos.

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