Hechos de los Apóstoles 17 Biblia Straubinger Capítulo 17 de 28

Hechos de los Apóstoles 17

Hechos de los Apóstoles · Nuevo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Hechos de los Apóstoles 17

San Pablo en Tesalónica

1 Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde se hallaba una sinagoga de los judíos.* 2 Pablo, según su costumbre, entró a ellos, y por tres sábados disputaba con ellos según las Escrituras, 3 explicando y haciendo ver cómo era preciso que el Cristo padeciese y resucitase de entre los muertos, y que este Jesús a quien (dijo) yo os predico, es el Cristo.* 4 Algunos de ellos se convencieron y se unieron a Pablo y a Silas, y asimismo un gran número de prosélitos griegos, y no pocas mujeres de las principales.* 5 Pero los judíos, movidos por envidia, juntaron hombres malos entre los ociosos de la plaza, y formando un tropel alborotaron la ciudad, y se presentaron ante la casa de Jasón, procurando llevarlos ante el pueblo.* 6 Mas como no los hallasen, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante los magistrados de la ciudad, gritando: «Estos son los que han trastornado al mundo, y ahora han venido también acá,* 7 y Jasón les ha dado acogida. Todos estos obran contra los decretos del César, diciendo, que hay otro rey, Jesús».* 8 Con esto alborotaron a la plebe y a los magistrados de la ciudad que tales cosas oían. 9 Tomaron, pues, fianza de Jasón y de los demás, y los soltaron.

En Berea

10 Inmediatamente, los hermanos hicieron partir a Pablo y a Silas de noche para Berea, los cuales, llegados allí, fueron a la sinagoga de los judíos.* 11 Eran estos de mejor índole que los de Tesalónica, y recibieron la palabra con toda prontitud, escudriñando cada día las Escrituras (para ver) si esto era así.* 12 Muchos, pues, de ellos creyeron, así como también de las mujeres griegas de distinción, y no pocos de los hombres. 13 Pero cuando los judíos de Tesalónica conocieron que también en Berea había sido predicada por Pablo la Palabra de Dios, fueron allí agitando y alborotando igualmente a la plebe.* 14 Entonces, al instante, los hermanos hicieron partir a Pablo, para que se encaminase hasta el mar; pero Silas y Timoteo se quedaron allí. 15 Los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y habiendo recibido encargo para que Silas y Timoteo viniesen a él lo más pronto posible, se marcharon.

En Atenas

16 Mientras Pablo los aguardaba en Atenas, se consumía interiormente su espíritu al ver que la ciudad estaba cubierta de ídolos.* 17 Disputaba, pues, en la sinagoga con los judíos y con los prosélitos, y en el foro todos los días con los que por casualidad encontraba. 18 También algunos de los filósofos epicúreos y estoicos disputaban con él. Algunos decían: «¿Qué quiere decir este siembra-palabras?» Y otros: «Parece que es pregonador de dioses extranjeros», porque les anunciaba a Jesús y la resurrección.* 19 Con que lo tomaron y llevándolo al areópago dijeron: «¿Podemos saber qué es esta nueva doctrina de que tú hablas?* 20 Porque traes a nuestros oídos cosas extrañas; por tanto queremos saber qué viene a ser esto». 21 Pues todos los atenienses y los extranjeros residentes allí no gustaban más que de decir u oír novedades.

Discurso del Areópago

22 De pie en medio del Areópago, Pablo dijo: «Varones atenienses, en todas las cosas veo que sois extremadamente religiosos;* 23 porque al pasar y contemplar vuestras imágenes sagradas, hallé también un altar en que está escrito: A un dios desconocido. Eso que vosotros adoráis sin conocerlo, es lo que yo os anuncio:* 24 El Dios que hizo el mundo y todo cuanto en él se contiene, este siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de mano;* 25 ni es servido de manos humanas, como si necesitase de algo, siendo Él quien da a todos vida, aliento y todo.* 26 Él hizo de uno solo todo el linaje de los hombres para que habitasen sobre toda la faz de la tierra, habiendo fijado tiempos determinados, y los límites de su habitación,* 27 para que buscasen a Dios, tratando a tientas de hallarlo, porque no está lejos de ninguno de nosotros; 28 pues en Él vivimos y nos movemos y existimos, como algunos de vuestros poetas han dicho: “Porque somos linaje suyo”.* 29 Siendo así linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea semejante a oro o a plata o a piedra, esculturas del arte y del ingenio humano.* 30 Pasando, pues, por alto los tiempos de la ignorancia, Dios anuncia ahora a los hombres que todos en todas partes se arrepientan;* 31 por cuanto Él ha fijado un día en que ha de juzgar al orbe en justicia por medio de un Hombre que Él ha constituido, dando certeza a todos con haberle resucitado de entre los muertos».* 32 Cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: «Sobre esto te oiremos otra vez».* 33 Así salió Pablo de en medio de ellos.* 34 Mas algunos hombres se unieron a él y abrazaron la fe, entre ellos Dionisio el areopagita, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.*

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