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Kangeme, Kahama, Tanzania, 9 de junio de 2026.

Me gustaría escribir la mejor crónica posible en este momento, porque de manera especial quiero hablar de quien fuera la principal inspiradora y seguidora de estos escritos: mi madre. Ella se fue al cielo el Domingo de la Ascención del Señor, el pasado 17 de mayo. Y digo que se fue al cielo, pues no veo una forma más santa de morir, que ya tendré ocasión de contarles. Eso es lo que esperamos, que ya esté en el cielo, confiando en la Misericordia de Dios, y de manera especial habiendo dejado que sus tres hijos fueran consagrados, es decir, su hija religiosa, y sus dos hijos, sacerdotes.

Son muchas cosas las que podría contarles, que espero sean de edificación para muchos. Quiero hacerlo desde la mirada del misionero, como siempre lo hago en estos escritos, para provecho también de los futuros misioneros, y para los que admiran las obras de las misiones. Pero como no quiero que sea tan extenso este escrito, me propongo en esta ocasión compartirles el sermón que predicó mi hermano, el P. Marcelo Cano, en la misa de exequias en el Seminario Mayor de nuestra Congregación del Verbo Encarnado en San Rafael, en “La Finca”, el día 19 de mayo. Sermón que le agradezco inmensamente, y que no es por tirarse flores entre hermanos, sino que quiero hacer honor a la verdad, que fue un gran y bello sermón acorde a momento tan importante para nosotros.

Aquí se los comparto, y en la próxima seguiremos contando un poco más de esos días llenos de gracias.

‐————————-
Despedida de Mamá

Estamos despidiendo a mamá, y, en esta Santa Misa, queremos hacer dos cosas:
Invocar la Infinita Misericordia de Dios:
En primer lugar, para pedir misericordia para mamá, que Dios le perdone sus pecados, sus errores, sus faltas, porque como muy bien sabemos, todos somos pecadores, así lo enseñó el Señor al decir: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, nadie puede tirar la primera piedra, todos somos pecadores y grandes pecadores.


Por eso, en primer lugar, pedimos al Señor Bueno le perdone sus pecados y reciba a mamá en el cielo junto a la Virgen María, la de los ojos misericordiosos.

En segundo lugar, invocamos la Divina Misericordia, y en ella a la Virgen María y a San José, para agradecer tantas y tantas delicadezas que tuvo con mamá, especialmente en su última agonía. ¡Cómo no agradecer!

Llegando mamá a la última estación de su Vía Crucis, en medio de prolongados dolores, después de haber recibido muchas veces los santos sacramentos, Dios le concedió una muerte serena y dulce, una muerte consoladora, acompañada de sus hijos, hermanos y religiosas, que pudimos rezar varios Rosarios, la Coronilla, y hacer hermosos cantos a la Virgen, hasta que estando mamá muy serena, y mientras cantábamos las últimas letanías de la Virgen, casi sin darnos cuenta, muy dulcemente, pasó a la casa del Padre.

Y, todo esto en el día de la hermosa solemnidad de la Ascensión del Señor al cielo en cuerpo y alma, y, también en las primeras vísperas del nacimiento de San Juan Pablo II, santo del cual mamá era particularmente devota.


¡Cómo no agradecer a un Dios tan bueno y tan grande! Por eso cuánta razón tenía Tertuliano al decir de Dios: “Tan Pater nemo, tan pius nemo”, es decir, “Nadie es tan Padre como Dios, porque nadie es tan Bueno como Dios”. ¡Gracias Señor por tanta bondad y misericordia! Por eso, es que en el recordatorio de mamá quisimos poner la cita del Salmo (89, 2): “Cantaré eternamente las misericordias del Señor”.

En segundo lugar, queremos traer a la memoria algunos recuerdos o enseñanzas que nos dejó de nuestra querida mamá: ¡MADRE, MADRE QUERIDA!

Muchas cosas quedarán por decir. Pero, para darle un poco de unidad podemos decir que mamá nos dio, como terciaria del Instituto, y siendo fiel al carisma, un hermoso ejemplo de amor a las tres cosas blancas.

A- Amor al Papa

Amor al Papa, amor a la Iglesia, en concreto siendo generosa en la entrega de sus tres hijos a la vida consagrada. Incluso cuando mi hermano y yo teníamos 13 años, (por eso en esta Santa Misa estamos pidiendo a la Virgencita que nunca una mamá o un papá le niegue a su hijo o a su hija la entrada al seminario menor o al aspirantado, aunque les digan las cosas que les digan) ¡las cosas que le dijeron a mamá! ¡Lo que tuvo que escuchar! Y generosa también entregando a mi Hermana, que entró siendo más grande, pero, que era su única y última compañía. Quedando muy pronto su nido vacío.

Entregó lo más querido sin jamás un reproche, un pero, una excusa, un lamento, al contrario, siempre se mostró contenta y orgullosa de sus hijos consagrados, y, de sus hijos consagrados en el Instituto del Verbo Encarnado, amó la Congregación, desde la primera hora, por ella siempre dio la cara y la defendió, en las buenas y en las malas.

Lo mismo cada vez que fuimos destinados a las misiones… nunca un pero… siempre pensando en el bien de nosotros y de las almas… nunca se puso en el medio, al contrario, siempre nos entregó con gran generosidad y alegría.

Su amor a la Iglesia, creemos que también se manifestó en su celo apostólico, como, por ejemplo, cuando traía cursos enteros de la escuela secundaria, desde San Luis a la Finca, para que los alumnos se confesaran, incluso algunos se bautizaran y otros hasta concretaran la vocación, de los cuales uno es sacerdote de nuestra Congregación.

B- Amor a la Virgen María

Su amor tierno a la Virgen María, en concreto, manifestado en su cariño por el Santo Rosario; nos consta que rezaba más de uno por día.

Nos daba mucha pena verla cómo sufría una vez que comenzó con el Alzhéimer, porque no recordaba las oraciones, entonces las tenía impresas, dormía siempre con el Rosario en la mano, y a veces la encontré dormida, con una estampita de la Virgen que tenía la oración: “Acordáos”.

Nunca conté que cuando iba de vacaciones a San Luis, solía celebrar la Misa de 10 en la Iglesia Catedral, yo sabía que mamá iba una hora antes, se sentaba en el mismo banco de siempre, cerca de la capilla del Santísimo Sacramento, y de rodillas rezaba el Santo Rosario, entonces, yo también iba antes, pero me escondía en unos bancos más atrás y por entre las columnas, me quedaba contemplándola mientras ella rezaba el Rosario delante de la Virgen y del Santísimo Sacramento.


Por eso, esperamos que la Virgen en el cielo la reciba, y que cuando mi madre la vea rodeada de rosas… mamá le pregunte, ¿Oh, Señora, quién te ha ofrecido estas hermosas rosas? Y que la Virgen le responda “has sido tú… con tus rosarios…”.

Cómo no recordar aquellos versos de Andrada que dicen:

“En la pobreza de mi herencia triste,
solo conservo oh Madre tu Rosario
donde los dedos al rezar pusiste
como quien reza a Dios ante el Sagrario”

C- Amor a la Eucaristía

Y, amor a la Eucaristía, siempre nos inculcó que la Santa Misa, es lo primero.Cuando se jubiló por enfermedad, fue a Misa todos los días, ahí aprendió a ofrecer su Cruz, ¡tantas cruces y lágrimas a lo largo de su vida! Y, también aprendió a ofrecerse junto con Jesucristo al Padre.
Unido a la Eucaristía y sabiendo cuánto le gustaban a mamá las poesías, ella que recitaba artísticamente, cómo no recitarle un poema en esta, su despedida.


Se trata de una poesía que adaptaremos un poco, pero que muestra el gozo inconmensurable que tenemos los hijos sacerdotes de celebrar la Santa Misa, delante de nuestras madres, y, darles a ellas el don más grande que podemos darles que es la Comunión. Es un relato que hace el P. Ramón Cué, S.J., de aquel preciso momento en el cual dio de comulgar a su madre en su primera misa, y que nosotros, modificando alguna parte, hacemos nuestro, y dice así:

“Y en aquel momento indefinible de debilidad y fortaleza, levanté la Hostia, y antes de colocarla en los labios de mi madre, le dije al Dios que tenía en mis manos, con toda la fe y todo el amor filial del hijo sacerdote:

“Señor, Tú que quisiste nacer de una mujer,
y llamarla tu madre y agradecerle el ser;
Tú que sabes la deuda del infinito amor
que debemos los hijos, escúchame, Señor:

Al pasar por sus labios, Tú que sabes de besos
págales tantos besos que me dieron a mí…
Esos labios me hablaron de tus amores, esos
cuando Tú me llamaste, te dijeron que sí…

Al estar en su pecho – recuerda el de María,
donde de Niño hallaste la leche del amor –,
págale tantos sueños como yo allí dormía,
paga con tu presencia su maternal calor…

Y cuando sientas dentro su corazón latir,
-¡corazón de mi madre!-, bésaselo, Señor;
quítale las espinas que le puedan herir,
-¡clava en mí esas espinas!- y cíñelo de flor…

Por sus mimos tu gracia. Por sus penas tus rosas.
Y por la vida humana que ella ha encendido en mí,
Alumbra en sus entrañas las fuentes rumorosas
de esta vida divina que yo le doy en Ti.

***

Después de haber pagado mi deuda, Tú a tu vez
paga la que le debes como buen acreedor…
Tú le pediste sus tres hijos, sostén de su viudez,
¡y ella te dio sus hijos, con infinito amor!”.

Tracé en el aire, firme y lenta, la cruz ritual con la blanca Forma; y luego, despacio, y midiendo el regalo inmenso que daba a mi madre puse entre sus labios a Dios hecho pan…

Ella cerró su boca lentamente también; me miró con una mirada larga y suave que no olvidaré mientras viva; bajó la cabeza y la hundió entre sus manos para dar gracias al Dios que yo había puesto en su pecho…
Yo la miré así un instante y me sentí inmensamente feliz…”.

Queridos hermanos las dos palabras que más escuchamos a mamá en su vida fueron: gracias y perdón.

– Gracias: siempre nos daba las gracias antes de ir a dormir.
– Perdón: y siempre nos pedía perdón antes de ir a dormir.

Mamá sabemos que nos escuchas, perdón por nuestras faltas, por tantas veces que te hicimos sufrir, y gracias, mil gracias por todo.

A la Santísima Virgen María:

Que la Virgen María tenga a mamá muy cerca de Ella, que la Dulce Virgencita del Cielo, hoy más que nunca nuestra Madre, para los que estamos huérfanos.

Ella que seguramente asistió a mamá en su última agonía, nos asista a nosotros en todos los momentos de nuestra vida.

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Comentarios 2

  1. María Victoria Cano Roblero dice:

    Hay que tesoro más grande Padre. De seguro y por Fe su mamá esta en el cielo sin con grandes ofrendas a sus servicios como sus hijos. Dios y la Virgen los bendigan a los tres y guiados por El Espíritu Santo hacia la Santidad.

  2. Fernando Iracheta dice:

    El amor y entrega que tuvo mi madre es algo que yo al igual que ustedes no acabo de dimensionar, por lo profundo y completo, que descansen en Paz nuestras madres ,de sus sufrimientos, entrega y cariño total a sus hijos,

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